miércoles, 16 de septiembre de 2009

Sobrado, Cristiano, sobrado

Ayer hizo su aparición en Europa la segunda versión galáctica de Florentino Pérez. El Madrid, de la mano de Kaká y Cristiano y un capitán Raúl que apuntó su gol 56 en formato champions, paseó a un Zurich que de pronto arañó, gracias a una pifia arbitral, un marcador maquillado. Enorme debut para los de Chamartín, que han salido pateados en octavos de la máxima competición europea en cinco ocasiones consecutivas, paso seguro, firme, a la cita ineludible que sus contrataciones espectaculares lo obligan a estar, la final del torneo, que además será en el propio Bernabéu. Firme, sí, pero nada atractivo; contundente, sí, pero nada galante. Llevado a flote por el empeine de un Ronaldo que más que pegar con potencia y técnica, pega con horror, espantando los balones a un portero que ayer le regaló dos goles. Media hora de partido soso, con un Madrid buscándose, indeciso si descargar el juego en las piernas de Lass, de Kaká o Cristiano, muchos jugadores y una sola pelota. La baraja de opciones se acentuaba más ante un Zurich que no se asomaba siquiera, que salía aletargado a admirar a sus jugadores rivales; el equipo suizo aspiraba a mantener todo parejo cortando cualquier intento ofensivo del Madrid mediante faltas continuas que casi eran un reconocimiento de inferioridad. Hasta que llegó Cristiano a disparar un tiro libre como los que acostumbraba patear en el United y, como aquéllos, empalmó con potencia la pelota, más esperanzado a dónde salía que en la seguridad de su golpeo y la bola le jugó una mala pasada a un arquero que nunca mostró señales de vida. Tras el gol el partido se tornó del lado madridista, como si hiciera falta la abertura, la rendija por la que se terminaron colando cinco balones. Uno de ellos magistral, iniciado por Ronaldo, quien saltó en medio de dos rivales y colocó el balón a Higuaín, éste enfiló en el área y mandó el tiro centro donde el siempre efectivo Raúl lo aventó a meta.
Luego vino un intento de reacción de parte del equipo suizo, un recorte a un gol en la diferencia; pero hasta ahí apareció otra vez Cristiano para golpear otro libre que le hacía otra mala pasada al arquero, más horrenda que la anterior. Y entonces comenzó el show del portugués, sus jugadas perfectamente inútiles, que no prosperan, que incluso van en detrimento de su equipo, pero que lo engalanan como uno de los mejores jugadores del planeta. Ese golpeteo en corto con ambas piernas, esos tacos vistosos volteando la cara al lado opuesto, esas bicicletas que emboban y esos dominios de pelota con la parte interna del pie fueron aplaudidos por unos aficionados que habían asimilado ya la superioridad de los visitantes. Veremos cómo le va a Cristiano cuando se enfrente a defensas más calificados, y cómo le va al Madrid cuando tropieza con los pesos pesados de la Champions, por lo pronto los de Chamartín buscan el juego, buscan el dominio, y eso ya es noticia en un equipo que se había olvidado de su historia.

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