miércoles, 16 de diciembre de 2009

Atlante-Barça, un juego dispar

El Barcelona llegó a Abu-Dhabi, sede del mundial de clubes, para llevarse un trofeo que le falta en su vitrina y sellar una temporada de ensueño. En su camino se topó al Atlante, el otrora equipo del pueblo mexicano. Ambos equipos azulgrana, ambos con un respeto tradicional al juego colectivo, a la pelota tratada, a la pelota cocida en los pies. Esto, sin embargo, lo desconoce el mundo. Sabe que el Barça está en un período de ensueño, pero desconoce que el Atlante tradicionalmente respeta la misma escuela y pugna por un fútbol vertical. Hoy no lo demostró. Salió espantado a jugar la semifinal del "mundialito" y cuando se dio cuenta ya tenía a Messi encima. Enorme juego del argentino, que brilla donde se le ponga, hasta en tierras extrañísimas, pero que tiene que estar envestido con la playera azulgrana; con la albiceleste se siente solo.
El partido lo empezó ganando el Atlante, casi saliendo del vestidor. Un despeje largo de Vilar encontró un bote en el área grande, donde Márquez y Puyol no acertaron despejar y llegó Rojas para tomar a Valdés a medio camino y poner un marcador de ensueño: el desconocido Atlante se atrevía a ponerse a las patadas con el hebreo Sansón. Y Atlante tuvo el dos-cero, pero a Navarro le ocurrió lo que le ocurre al futbolista mexicano cuando se enfrenta a la gloria, un pánico absurdo se apoderó de él cuando enfrentó a Valdés que hizo la jugada más ilógica. La deseperación del Profe fue justa. El regaño, más necesario que nunca.
La calma nunca abandonó al equipo español, dominador amplísimo del juego, y encontró los goles en los momentos justos. Un tiro de esquina peinado por Yayá se topó con los pies de Busquets, quien solo empujó para colocar la igualdad. El Barça siguió intentando, buscando herir una defensa que, rompiendo su tradición, se encerraba. ¿Por qué el Atlante no respetó su buen juego? Teniendo en sus manos la oportunidad de sus vidas los futbolistas mexicanos apelaron a un juego precautorio. ¡Qué desconocido se veía Solari topando huecos!¡Qué mediano se veía el siempre efectivo Bermúdez deambulando en la yerba! Los culés intentaron la remontada pero no fueron capaces de abrir la defensa mexicana.
Hasta que entró Messi. Y el argentino, con veinte segundos en el campo, hizo un gol de antología. Se metió como en su casa, hizo ver mal a Vilar y empujó suave a la red. Las cosas entonces parecieron normales, el Barça hizo ver muy mal el resto del juego a un Atlante que nunca se acomodó para soltar su juego, incluso después de la entrada de Pereyra. Era trazo tras trazo, llegada tras llegada, ibrahimovic tratando de hacer fútbol de fantasía y encontrando eco en los pies de Messi, en los de Alves, en los de Pedro. Una jugada soberbia de Iniesta, quien se metió en el área entre dos rivales y luego filtró a Pedro, terminó con la ilusión atlantista.
Fue un juego dispar, que coloca a ambos equipos en su real nivel. El fútbol mexicano está muy lejos de los grandes monstruos europeos.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Fue por vos, Tano.

Cuando Rodríguez pitó el final, Aldo saltó de la banca y la emoción lo tiró al pasto. Con la cabeza en el suelo, en cuclillas, se soltó en llanto: le había cumplido al hermano, al hombre que le enseñó a jugar al fútbol, al trotamundos que tuvo que parar inesperadamente porque su corazón no pudo más. Duró llorando varios minutos, en desconsuelo total; luego se paró y mostró la camiseta del Tano: el rostro serio, la mirada desafiante, la greña alborotada. Aldo corrió entonces a festejar con sus compañeros que ya enloquecían en el medio campo. El Monterrey acababa de ganar su tercer campeonato. Un título que supo a gloria, pero que para De Nigris fue mera deuda cumplida.
El mexicano es muy dado a los mitos. A falta de héroes que le resuelvan los problemas de una realidad hostil, él los inventa, los crea, los saca del imaginario y los vuelve leyendas, casi dioses. El fútbol es un campo no ajeno. En este juego que nos apasiona hay verdaderas historias de vida. Héroes forjados por su destreza a la hora de patear la bola, héroes devastados por tragedias inesperadas. ¿Qué pudo haber sido, por ejemplo, de Pablo Hernán Gómez si ese día no hubiera abordado su camioneta? ¿Qué de aquel chaparrón atlantista de principios de siglo sin su alcoholismo enfermizo? ¿Qué del mismo Tano si hubiera obedecido la indicación médica y se hubiera retirado del fútbol? Son historias que quedan, que nos recuerdan la condición del jugador de fútbol, la misma a la del hombre común.
Cuando Aldo recibió las cenizas de su hermano, y estuvieron presentes en ese duelo de cuartos contra el América, ¿alguien dudó acaso de que ese día De Nigris anotaría un gol? ¿Alguien dudó de que el Monterrey terminaría campeonando? La historia estaba ahí, y el mexicano es muy dado a volverla romántica. Aldo fue llevando de la mano a unos rayados que se compenetraron en torno de su deuda; pero que amalgamados por la buena suerte, si ésta los abandonaba, supieron jugar bien al fútbol. Ayer lo demostraron en el Azul. Detuvieron culquier avanzada cruzazulina, con serenidad plena, y decidieron herir en los momentos precisos, cuando el Azul estaba absorbido en la desesperación que le causaba su fútbol inoperante. No llegó embalado el Azul, confiado en causar daño en la misma jugada que le dio frutos en el Tecnológico. Y cuando los regios se la aprendieron, los capitalinos fueron incapaces de utilizar sus bandas, de tejer jugadas que llevaran a la preocupación de Orozco, ayer absuelto.
Fue un medio tiempo a favor de la máquina; pero dos tiros al larguero no lo redimían de la desventaja en el de ida. Buscando su buen juego el Azul se vio impreciso, falto de ideas. La misma pifia arbitral lo abandonó en el momento bueno, Ortiz fue tirado en el área en claro penal y Rodríguez no quiso echarse la culpa. El Monterrey amenazaba con sus dos puntas, siempre a la espectativa, fuertes en el duelo hombre a hombre y en la retención. Así se jugó el primer tiempo, con un Santana que no se hallaba por ese carril derecho. Pero cuando inició el segundo, Vucetich entendió el momento. Con todo su cuadro atrás lanzó a su vanguardia. Sólo eran tres hombres entre un mar de piernas azul. Y Santana tejió una jugada pletórica con Suazo, quien amagó en el área con un movimiento de cintura, dejó en el camino a su marcador y mandó un centro a segundo poste, seguro de la aparicón de Aldo; éste no hizo más que aprovechar su estatura ante un derramado Brown y empujar el balón a la red. Fue una estocada. Balde de agua fría para una afición que ya se está cansando de llegar a finales y perderlas todas.
Entonces el Cruz Azul reviró. Una vez más Meza mandó a su amuleto Castro y éste le respondió con un cabezazo lejos de Orozco. Una inyección de ánimos para los cementeros, pero el Monterrey no se anonadó. Contuvo una embestida cementera que por momentos fue mera garra, mero empuje, pero deficiente de fútbol. Fue el momento más hermoso del juego, un ida y vuelta vibrante que aprovecharon los regios para poner el segundo y terminar los sueños azules. La máquina se la jugaba atrás en hombre a hombre, demasiado riesgo para un poderoso Suazo. Cuando Osvaldito recuperó un balón poco atrás de medio campo y levantó la cabeza vio a un Chupete adelantado. Lo esperó, lo esperó, Suazo se deshacía tratando de habilitarse ante un Pinto que lo medía, y entonces el chileno se logró poner en posición y arrancó detrás del pelotazo que le lanzó Osvaldito. Pinto quedó lejos y Corona tuvo que salir; las piernas del Chupete fueron más rápidas que las del meta y tocó la bola de tres dedos ante la salida inútil de Corona, el balón se fue rodando suave, inalcanzable para un Pinto que hizo el último esfuerzo.
Fue la mano de Vucetich, su halo de rey Midas; pero también fue la mano celestial del Tano que llevó a su hermano a la consagración como delantero centro. Deuda cumplida.

viernes, 11 de diciembre de 2009

La remontada regia.

Minuto tres. Humberto Suazo coloca el balón en el tiro de esquina, da unos pasos hacia atrás, lleva sus manos a la cintura sintiéndose guapo, espera el close off de la cámara y chuta. La bola es mal pateada, toma una altura nada cómoda a los delanteros. Es balón del arquero: lleva una comba propicia y cae en el límite del área chica. Pero Corona no sale, se queda inerme cuando Villa, cerrando los ojos y como no queriendo, empuja el esférico a la red. El Tecnológico aún no se acomodaba cuando de forma imprevista se vio en ventaja. Entonces se presagió la goleada, demasiada concesión para un Monterrey que venía enchufado, jugando un fútbol productivo y hasta vistoso, si se quiere.
En la banca de al lado, sin embargo, estaba un hombre acostumbrado a ganar. Meza se dio cuenta de la ventaja que representaba la alineación de Arellano, la de un improvisado Baloy, y decidió copar el medio campo de la mano de su estandarte Torrado. Cruz Azul neutralizó entonces el juego y le respondió a Vucetich con la misma moneda. Dos veces, con el mismo jugador. Riveros apareció cuatro minutos después de verse en desventaja para conectar un centro de Lozano y emparejar los cartones. Diez minutos después daba ventaja al Azul. La misma fórmula. El mismo error. Orozco hizo lo mismo se Corona, se quedó sumido en su área, casi amarrado, y fue fusilado en dos ocasiones seguidas. Mal de muchos, dicen por ahí; si de algo carece la escuela de porteros mexicana es de su valentía a salir de su área, les espanta. (Oswaldo permitió el empate de Argentina en el mundial pasado; Campos no supo qué hacer ante el gigante Flo en el 94; Ochoa tira su prestigio, que es bastante, cuando se queda tieso en su área). Ayer lo enmarcaron Orozco y Corona. Pero las cosas no quedaban ahí, si algo sabe este Azul es tomar ventajas en los momentos clave. Villa apareció en el acto para lavar su autogol inicial y aumentar la ventaja en un balón que quedó muerto gracias a otra pifia de Orozco. Entonces la goleada se presagió al revés. Monterrey no acertaba a salir de su atolondramiento. Terco a salir con balón controlado, nunca entendió que a terreno mojado bola larga. Cruz Azul aprovechaba cada yerro para mandar centros al área, la misma receta, el mismo pavor regio. El Azul seguiría atacando así hasta que se lo aprendiera la defensa contraria.
Y el Monterrey lo detectó quizá demasiado tarde. Se tuvo que esperar al segundo tiempo para que se viera la mano del otro técnico, igual de ganador, igual de inteligente. Vucetich ingresa a Severo en su posición natural y el chico a dos minutos en la yerba le responde. Desbordó por su banda, comodísimo, mandó una diagonal que se tragaron todos y ahí apareció Suazo, muy quitado de la pena. El chileno empalmó el balón como los dioses y surgió entonces la esperanza de la remontada regia. El otro cambio de Vucetich no tardó tampoco en hacerse notar. El espigado Santana apareció en el área chica, Corona amarrado otra vez, para cabecear una bola deliciosa; jugada perfecta por toda su elaboración, jugada iniciada por el mismo Santana, desborde precioso del motivado Severo, empate justo en un duelo que ya entonces exigía la atención máxima.
Era la final soñada. La emoción al borde del infarto. Las gargantas del Tecnológico empujaban al siguiente gol. Y lo tuvo el hombre favorito de los dioses. Era el sello perfecto; pero De Nigris erró su cabezazo a la derecha de un Corona que de nueva cuenta se quedó atorado en su área.
Todo presagiaba empate. Faltaban sólo tres minutos. Entonces apareció Osvaldito. El paraguayo, olvidado en la banca de inicio, vino a darle la enjundia a un Monterrey que ya entonces entendía que lo que se jugaba era una final. Habilitado por De Nigris, quedó solo frente a Corona, su recepción fue mala, pero el empuje, las ganas de gritarle a Vucetich su error de dejarlo en la banca, lo llevaron a chocar con el arquero y quitarle un balón que nunca estuvo en sus manos. Enésimo error del meta. Y ahí apareció el oportunísimo Suazo. El Tecnológico explotó. La remontada estaba consumada.
Fue un partido hermoso. Hermoso por su alta dosis de tensión y por su emotividad suprema. Gaso pitó cuando Osvaldito pateó un balón de bolea dentro del área y Brown apareció salvador en la raya, en una pirueta dignísima. Los rayados llegarán al Azul con una ventaja que amenazan conservar. Pero el Azul sacó sus tres goles, demasiados quizás para un fútbol que no cautiva.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Cristiano, en el camino a la gloria.

Hay futbolistas de empuje, pundonorosos, de escasa técnica, futbolistas que normalmente pasan desapercibidos en el partido porque precisamente esa es su función; se encargan de hacer la cosa más fea que hay en el juego: la interrupción de jugadas, el corte. Y hay otro tipo de jugadores, los que burlan, los que constantemente lastiman, perforan defensas y tácticas, los dotados de técnica, los que saben con el balón en los pies. Y de allí hay otro tipo que envuelve de los dos anteriores, que poseen armas de doble filo y son valiosos y halagados y hasta abundantes, si se quiere. Pero una cuarta categoría es muy escasa. A esos se les nombra cracks. Son futbolistas dotados de una técnica abrumadora, de una inteligencia claramente superior, de un entendimiento del juego en su expresión máxima y de una mentalidad ganadora suprema. Maradona es el prototipo de este tipo de jugadores; pero Pelé, Cruyff, Di Stéfano, Zidane y algunos otros no le pidieron nada. Hoy el hombre es un portugués de 24 años que responde al nombre de Cristiano Ronaldo Aveiro Dos Santos. Es el futbolista total, el que encarna al prototipo del siglo XXI. Quizá Zidane nunca aprendió a rematar con la cabeza, Pelé no tuvo el toque fino en los tiros libres, Maradona no poseyó jamás la disciplina y CruyfF no acertó en su hambre de triunfo. Ronaldo lo posee todo, es velocista puro, tiene talento de sobra, es eficaz en el juego de fantasía, extremadamente hábil con el balón y tal parece que los momentos bravos lo motivan. Ayer lo demostró en Marsella.
Herido por el abrupto que cometió el fin de semana en Almería llegó decidido a reivindicarse. Sólo le bastaron cinco minutos. A una falta de Cissé el portugués colocó la bola con una tranquilidad endemoniada, como si ya supiera el destino de su disparo. El Velódromo casi si lo comía; le increpaba, le insultaba; y a eso respondió Ronaldo con un fusil a las redes. El portugués recibía las injurias de las gradas y se inflaba, se enaltecía; en cuanto más se le provoca mayor es su deseo de revancha. Un gol que sacó su furia y que silenció al estadio. El partido que le siguió fue igual de imponente. El Marsella encontró respuesta en las piernas de Lucho, pero él mismo se encargó de enterrar la hombrada cuando estrelló un penalty en el larguero. Entonces Ronaldo decidió que ese era su partido y llevó al Madrid a octavos. Firme en su grupo, firme en su paso cuando el portugués está en la cancha, tal parece que el Madrid se prepara a disputar la primera final de champions en su estadio. Así lo ha sentenciado ya el portugués.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Y Toluca se desfonda.

Algo le pasa al Toluca en liguillas, al menos en las dos últimas. Ha echado por la borda dos lideratos, con la ventaja que eso representa en el formato de competencia, y se ha tirado a la holgazanería, esperanzado en las piernas de un Sinha que por momentos da atisbos de arrugarse en los buenos momentos. Un juego hasta previsible, donde sus medias puntas son copados y los balones nunca le llegan a Mancilla, y los que le llegan inusualmente los desperdicia, le han provocado dos eliminaciones seguidas ante equipos claramente inferiores en el papel. Primero fue aquel Juárez y su historia romántica; ayer el Monterrey de Vucetich lo envolvió en una mordaza de donde nunca pudo salir. Ni siquiera la alineación forzada de Nava y la inclusión en el transcurso de toda la batería roja, hizo que su juego fuera fluido ante unos rayados oportunos, bien parados, atentos y proclives, por su enorme caudal que encierra en sus delanteros, a herir continuamente; la defensa toluqueña extrañó ayer como nunca a Da Silva. Dos goles en seis partidos de liguilla es inusual para la delantera mexiquense. ¿Acaso el Toluca se tira a la hamaca esperanzado en el pundonor y el empuje del Nemesio Díez? ¿Acaso los rojos están hartos de jugar finales y dejan mucho que desear en el ingenio que bien los caracteriza? Pero mientras los diablos se intentan explicar su sequía goleadora, esa falta de contundencia, los rayados aprovechan para alzar la mano y llegar a la final del Apertura 2009, donde ya le aguarda el Cruz Azul.
Ayer Vucetich midió hasta el berrinche de Suazo, salida que irónicamente permitió la ventaja rayada. Y aunque el Toluca logró poner parajo el duelo en la Bombonera nunca se vio capaz de remontar el marcador del Tecnológico. Premio en los goles para Carreño, que arrastra una serie de buena suerte, y para Brizuela en el empate, único efectivo rojo que pudo desbordar la defensa regia.
Alguna vez a Vucetich se le conoció como el rey Midas, cualquier cosa que tocaba la convertía en campeón. Ahora tiene en sus manos al que quizás sea el mejor equipo de los que tuvo. De Nigris mantiene un romance con el gol, ayudado quizá por la ausencia del hermano, de ese Tano al que su corazón le dijo ya no más; la muerte del que Aldo declarara su ídolo lo tiene tremendamente enchufado, y tal parece que su ensueño y su buen momento no va a parar hasta que logre el campeonato. Suazo posee un instinto asesino, es capaz de leer jugadas y anticiparse a sus rivales no importando si estos le superan en el físico,al parecer le ha aprendido mucho a Bielsa y el mundial lo tiene en su punto. Orozco se ha consolidado como un portero confiable y ha sido figura decisiva en el avance regio. Ayoví, Pérez, Martínez y el amuleto Carreño dan una solvencia a los regios que desde aquella época de Pasarella no mostraban, quitando algunos partidos con Lavolpe. Es, en sí, un equipo poderoso, favorito a coronarse sobre un Azul que no encuentra su buen juego.

domingo, 6 de diciembre de 2009

El fútbol no premia a un mejor Morelia.

Cruz Azul anotó ayer su nombre en la final del Apertura 2009. Lo hizo con suerte, favorecido por un Morelia que le jugó mejor y le superó en los casi 180 minutos, pero que fue incapaz de reflejarlo en goles. Suerte arrastra este Azul de Meza, hasta en las pifias arbitrales, que le han beneficiado de forma descarada. Primero en el duelo con la aguerrida Puebla, que los tuvo dos goles abajo, y que permitió la remontada gracias a un penal sacado de la manga. Ayer fue de nuevo un penal. Una mano flagrante de Huiqui, que en el suelo evitó un gol cantado y luego, como no queriendo, se hizo el muertito. Un penal inexistente para un absurdo Delgadillo que hasta se atrevió a marcar falta en contra. Pero el Morelia no desvaneció ante la pifia. En todo momento le plantó partido al Azul, que por ratos se vio impreciso, ineficaz y hasta timorato.
El buen juego de los monarcas, desarrollado por sus alas Droguet y Sandoval, quien pide a gritos una oportunidad en la verde, encontró recompensa a inicios del segundo tiempo, cuando un centro picado de Rey lo recogió Sabah y con un control dirigido pateó inalcanzable a la derecha de Corona. Gol justo; tardado quizá dado el tremendo domino monarca; y desconcierto celeste, desconcierto absoluto. Droguet tuvo en su pierna izquierda el 2-0 y cruzó demasiado para que su tiro pegara en la base del poste izquierdo de un Corona que ni la vio venir.
Entonces apareció el hombre que sabe. Meza realizó dos cambios oportunos y aprovechando la falla del chileno emparejó el marcador. Un centro del recién ingresado Castro, quien ha demostrado fuelle para duelos vitales aun sin experiencia en primera división, fue cabeceado por un Orozco que igual acababa de ingresar a la hierba y el balón se abrió victorioso abajo de Muñoz. Luego vino una desconcentración monarca, una falta innecesaria al filo del área puso a los de casa en una ventaja no merecida. El balón lo pateó Villa, tan peleado que estaba con el gol, y la pelota pasó debajo de la barrera, entre un ejército de piernas, y se fue directa a la colocación de Salazar bajo los tres postes, el defensa no acertó al despeje, tomado por sorpresa ante ese balón que pasó increíble ante tantos hombres, y se metió en las redes. Gol gritado por Villa, gol gritado por toda la afición azul que espera se termine el conjuro de tantos años sin título. Y ya no hubo respuesta monarca, si algo destaca este Azul de Meza es su sobriedad a la hora de manejar partidos. Ni las desplantes del aguerrido Boy en la banca de enfrente inmutaron a un Azul y a un Meza que le ganó por enésima vez la partida. Tan destacado ese duelo de bancas entre dos técnicos que ni se quieren, y tan resuelto por la elegancia y brillantez de un Meza que le volvió a dar una lección al irreverente Boy.
Se apunta el azul en la gloria, arrastra un fútbol que por momentos parece que no le alcanza, pero de igual manera arrastra una suerte que lo abandona en la última década, una suerte que le ha dejado en el camino dos finales perdidas. Ahí está el Azul, presto a festejar un campeonato añorado, con el regreso de un técnico que lo ha ganado todo y con la compenetración de unos jugadores que saben soportar los momentos bravos. Aquella patada de Comizzo da aires a repetirse.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

El Barça, apelando a su cantera, se vuelve a alzar el cuello.

Disminuido llegó el Barcelona ayer al Camp Nou. Disminuido y asustado. Lo había abandonado el gol, sólo tres en cuatro partidos de Champions, y la buena suerte, empates regalados sobre la hora en la Liga. Enfrente tenía un equipo que asusta a cualquiera, que lidera un técnico que al Barça siempre se le indigesta; pero sin Messi ni Ibrahimovic por lesión Guardiola echó mano a su cantera y se dispuso a enfrentar con jugadores delicados a un Inter que retumba por su fuerza. Y el resultado fue un baile, una mecedora rotunda que tendieron los blaugrana a unos italianos que se trabaron todo el partido. Asustó Mourinho en la previa alegando conocer las debilidades del Barça, asustó marcando las ausencias referentes, y asustó mandando a la cancha a un equipo rocoso que se dispuso a ganar en el duelo individual aprovechando la superioridad física. Pero en el fútbol manda quien tiene la pelota. Y Xavi e Iniesta no la prestaron a los de Mourinho. Fue un primer tiempo completo para los de casa. Un tiro de esquina lo peinó un Henry que aún no sale de su lío con Irlanda y lo recibió Piqué para empujar el balón a las redes. El Inter no respondió. La media del Barça se siguió regodeando y a escasos minutos puso el segundo. Un balón de Xavi a la aparición de Alves por derecha, el centro tendido del brasileño y la aparición del requerido Pedro que tomó el balón de volea y venció a Julio César. Dos-cero y mucho partido por delante.
Pero Mourinho no quiso jugar más. Vio la superioridad tremenda del rival y echó a su equipo a defender. Conoce que tiene en sus manos el duelo decisivo para avanvar la ronda. Apareció el Barça, cuando más se dudaba de su fútbol, cuando llegaba diezmado por la gripa y las lesiones, cuando enfrente tenía a los toros del Inter y a su viejo sabueso, cuando en el horizonte se avecindaba el duelo con el Madrid, cuando acababa de dejar el liderato de la Liga en un Madrid que aún no convence pero que lo sigue la suerte, cosa que al parecer al Barcelona la había olvidado. Mucho morbo acarreó el partido y Eto`o no tocó la pelota nunca. Ante la exigencia máxima, Guardiola respondió con su cantera y salió airoso, hasta se dio el lujo de debutar al mexicano Dos Santos, el hermano de Giovani.

jueves, 19 de noviembre de 2009

La Francia que arrebata.

Los colores verde y blanco no le sientan bien a los bleus. Ayer lo sufrió de nueva cuenta ante una pundonorosa Irlanda que estuvo a nada de llevarse el último pase europeo al Mundial. Una mano flagrante de Henry le quitó el sueño. La consecuencia: millones de espectadores en todo el mundo reclaman la repetición del partido. Por dignidad, por el fair play tan promovido, la FIFA debe hacerlo, de lo contrario transmitirá el mensaje de que lo que vale es el resultado y no el cómo se logre, de que las trampas también son un armamento requerido.
La Francia sufrió ayer aletargada quizá por el resultado favorable que consiguió en la ida. Apenas a los 33 minutos Keane ponía, tras un desborde de Duff, las cosas iguales. Excelente jugada de los irlandeses que trajeron sobre el Saint-Denis los mismos fantasmas que se soltaron en la eliminatoria para E.U. 94. Entonces era la Bulgaria de Stoichkov, vestía de verde y blanco, un gol del peloncito Letchkov dejó a los bleus fuera del mundial. Bulgaria llegaría a EU para declararse caballo negro de la contienda. De eso se acordó Francia ayer; se le vio maniatada, imprecisa, sin ideas de juego; un miedo que venía de las gradas luego del gol de Keane se fue apoderando de los franceses y los fue trabando. Apenas se veía Anelka, Diarra, Gourcuff y Henry tropezaban. Un juego soso francés que le dio varias chances a Keane, que en esas veces no resultó fino. Con el partido hueco y Benzemá en la banca y Ribery ausente, se vinieron los tiempos extras. Todo presagiaba la definición por penales, demasiada tensión quizá para un campeón del mundo.
Entonces apareció la trampa de Henry, que será recordado para la posteridad por ese acto igual que por sus cualidades futbolísticas. Un cobro de falta ya casi al término del primer tiempo extra fue mandado por Evra hasta el área, la acción debió quedar anulada por fuera de lugar, pero siguió por obra y gracia del espíritu santo y el balón se iba; de pronto Henry se acordó que alguna vez quizo ser voleibolista y dominó dos veces con la mano y luego centró, ahí apareció Gallas para empujar la pelota al fondo. Los irlandeses protestaban, se encaraban al árbitro; el juez quedó impasible. La indignación sobrevino. La tecnología pide a gritos entrar al fútbol.

domingo, 25 de octubre de 2009

Con lo justo, América se lleva el clásico.

Un gol al minuto tres del colombiano Mosquera le permitió al América llevarse un clásico que dominó, a placer, de principio a fin, cosa que ya mucho no hacía. Cabezazo oportuno a primer palo, donde apareció el defensa para anticipar su marca y mandar el balón a las redes en la primera llegada americanista. A partir de ahí los de Coapa se adueñaron del partido para no soltarlo ya más; controlaron, marearon e incluso pasearon a ratos a unas Chivas opacas, deslucidas, que nunca mostraron resistencia alguna. Fea decepción para el Guadalajara que le lleva a replantearse por enésima vez su cacareada filosofía. ¿Cómo es posible que el equipo que se dice abanderar el símbolo del espectáculo tenga en su banca a un técnico que es justo la antítesis del mismo? ¿Cómo se puede aspirar siquiera a ganar un partido, ya no se diga un clásico, si se sale con una alineación timorata y pobre? No nos sorprenda si mañana, en uno de esos desplantes que le caracterizan, el señor Vergara anuncie a los cuatro vientos la remoción de Arias y la sonante contratación del mejor técnico del mundo.
Hoy la contradicción Arias fue lo que menos le importó al América, que debió de haber salido con una victoria más abultada. Pardo se dio festín; lanzó cada que quiso balones certeros a sus arietes que si no terminaron en gol fue por la figura de un Michel, único jugador chiva que entendió que lo de hoy era un clásico. Esqueda se dio festín, el inconsistente Esqueda de pronto parecía crack, hacía jugadas de lujo, sombreritos perfectos, túneles en toda la vuelta, tacos vistosos, centros hirientes, partido redondo para el queretano que tuvo su enojo justificado cuando fue removido por un Ramírez que se mostró un tanto conformista. Hoy Cabañas no estuvo fino, pero aún así le bastó para mandar dos remates; el primero un cabezazo inusual, recorriendo y lanzando a poste contrario donde Michel no alcanzó a llegar pero en la raya alcanzó a desviar Solís; el segundo a jugada personal, empujando el balón a carrera pura, con tres defensas dejados en el recorrido, pero terminada la jugada en un disparo un tanto suave que atajó Michel. A falta de Cabañas estuvo Esqueda, cosa rara. El chico se mandó una jugada preciosa, estando de espaldas, con la marca encima de Reynoso, se aventó un túnel y le dio la vuelta entera quedando solo en el área, levantó el rostro y mandó un centro medido al Rolfi, quien se tendió de palomita y el balón no entró porque fue obstruido en mano flagrante por Mejía; el penal no se marcó. Pero fue llegada tras llegada, Reyna se enfrentó tres veces solo contra el arquero.
Ahí queda una llamada de atención seria al Rebaño. Pregona tener la defensa de la selección nacional y es ahí justo su talón de Aquiles; Magallón no se encuentra, Reynoso es batido con facilidad, Galindo, hoy ausente, argumenta fallo tras fallo. Sólo Michel se destaca. Adelante no hay nada, las Chivas es un equipo sobrevalorado.

lunes, 21 de septiembre de 2009

La utopía Lavolpe

En el mundo feliz del feudo rojinegro estará siempre Lavolpe, en el banquillo, con sus desplantes verbales, sus ademanes toscos, su certeza de ser el ungido del Señor, el que se vale de ese aliento divino, de esa superioridad autonombrada para enseñar a parar, a jugar, a sorprender a unos futbolistas imberbes que no son más que eso, una bola de mocosos. El Zeus Lavolpe recorre con su tridente los campos inquiriendo a unos, motivando a otros, humillando a casi todos. Hasta al que era intocable, el jorobado Blanco, al que se atrevió en uno de tantos bombardeos neuróticos dejar fuera del mundial, aquél donde se puso de rodillas a Argentina pero se terminó perdiendo, donde ante miles de mexicanos hizo falta sin duda la presencia del jorobado.
Un mundo feliz en comunión, dándole alegrías impensadas a una afición atlista que ya se acostumbró a ganar nada, a no ilusionarse, a contentarse con levantarse el cuello y decir que son sus chicos los que mejor tocan la pelota en nuestro fútbol. El llevarlos a una final estaba de más, porque bien se conocía el destino; pero en esa utopía, Lavolpe se atrevió a hacerlo, sacando a escena a jugador tras jugador, tocados todos con ese guiño divino, piezas embonables a la perfección en esa máquina de jugar fútbol que de pronto el Zeus había creado.
Pero en el mundo feliz no se valen las segundas partes: se es feliz una sóla vez y para siempre. Si algo falló en la utopía fue la marcha del creador, al que se le vio luego haciendo campeón al equipo que le había privado de la gloria en esa final impensada. Las basas del sistema se fueron desmoronando, una a una, hasta que ya no quedó piedra sobre piedra. Intentar un segundo chance era algo fuera de toda lógica. ¿Por qué regresó Lavolpe si estaba destinado al absoluto fracaso? ¿Alguien acaso logró ilusionarse esta segunda vez con los ya viejitos Zepeda y Osorno?
Por jugadas del destino fue el mismo Toluca quien se encargó ayer de quitar toda duda: este Lavolpe es un barco fantasma, condenado a navegar sin rumbo en aguas turbulentas, cada día que enfrenta uno de sus tripulantes fenece, o lo abandona. Fue el Toluca con su goleador Mancilla dando la primer estocada, fue el Toluca con su ala Esquivel, quien entró como perro por su casa en un área atlista herida, quien consumó el degüello.
Puede que el de ayer sea el último partido de Lavolpe, no con el Atlas, de su vida misma. Se le ve cansado, deseoso de tomarse el séptimo día para descansar de su creación. Pero en las mentes rojinegras él siempre será el hombre del banquillo, el profeta esperado, y ya todos conocemos el destino de los profetas.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Sobrado, Cristiano, sobrado

Ayer hizo su aparición en Europa la segunda versión galáctica de Florentino Pérez. El Madrid, de la mano de Kaká y Cristiano y un capitán Raúl que apuntó su gol 56 en formato champions, paseó a un Zurich que de pronto arañó, gracias a una pifia arbitral, un marcador maquillado. Enorme debut para los de Chamartín, que han salido pateados en octavos de la máxima competición europea en cinco ocasiones consecutivas, paso seguro, firme, a la cita ineludible que sus contrataciones espectaculares lo obligan a estar, la final del torneo, que además será en el propio Bernabéu. Firme, sí, pero nada atractivo; contundente, sí, pero nada galante. Llevado a flote por el empeine de un Ronaldo que más que pegar con potencia y técnica, pega con horror, espantando los balones a un portero que ayer le regaló dos goles. Media hora de partido soso, con un Madrid buscándose, indeciso si descargar el juego en las piernas de Lass, de Kaká o Cristiano, muchos jugadores y una sola pelota. La baraja de opciones se acentuaba más ante un Zurich que no se asomaba siquiera, que salía aletargado a admirar a sus jugadores rivales; el equipo suizo aspiraba a mantener todo parejo cortando cualquier intento ofensivo del Madrid mediante faltas continuas que casi eran un reconocimiento de inferioridad. Hasta que llegó Cristiano a disparar un tiro libre como los que acostumbraba patear en el United y, como aquéllos, empalmó con potencia la pelota, más esperanzado a dónde salía que en la seguridad de su golpeo y la bola le jugó una mala pasada a un arquero que nunca mostró señales de vida. Tras el gol el partido se tornó del lado madridista, como si hiciera falta la abertura, la rendija por la que se terminaron colando cinco balones. Uno de ellos magistral, iniciado por Ronaldo, quien saltó en medio de dos rivales y colocó el balón a Higuaín, éste enfiló en el área y mandó el tiro centro donde el siempre efectivo Raúl lo aventó a meta.
Luego vino un intento de reacción de parte del equipo suizo, un recorte a un gol en la diferencia; pero hasta ahí apareció otra vez Cristiano para golpear otro libre que le hacía otra mala pasada al arquero, más horrenda que la anterior. Y entonces comenzó el show del portugués, sus jugadas perfectamente inútiles, que no prosperan, que incluso van en detrimento de su equipo, pero que lo engalanan como uno de los mejores jugadores del planeta. Ese golpeteo en corto con ambas piernas, esos tacos vistosos volteando la cara al lado opuesto, esas bicicletas que emboban y esos dominios de pelota con la parte interna del pie fueron aplaudidos por unos aficionados que habían asimilado ya la superioridad de los visitantes. Veremos cómo le va a Cristiano cuando se enfrente a defensas más calificados, y cómo le va al Madrid cuando tropieza con los pesos pesados de la Champions, por lo pronto los de Chamartín buscan el juego, buscan el dominio, y eso ya es noticia en un equipo que se había olvidado de su historia.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Cobijado por un Azteca a reventar, México le responde a E.U.

Inmerso en una eliminatoria en donde ya agonizaba, México logró levantar la cara este miércoles, en el partido bueno, ante el rival que ya rato lo venía humillando. Un gol de Sabah a escasos minutos del final logró apaciguar el río revuelto de los millones de aficionados que se abrazaban a la tal vez última esperanza mundialista. Bien merecido para el de Cancún, siempre a la sombra en las grandes citas, reclamando con goles constantes un protagonismo que la suerte siempre le había negado, desde que se inició en aquellas chivas de Martínez Garza. El chico encontró el balón en el área, luego de una descolgada a pulmón del casi inofensivo Juárez y un rebote fortuito en el cuerpo del hoy inocente Demerit, todo el partido burdo y exhibido; lo recogió oportuno y sin pensar su disparo, al verse tan solo en esa área estadounidense, cosa inusual, metió un punterazo arriba de Howard, reclamando así los reflectores que siempre se le habían negado. Un gol muy merecido, por el propio delantero y por el mismo equipo mexicano, que dominó tácticamente a su rival y lo reventó con la altura, el smog y el calor pleno de la media tarde.
Pero la cosa no fue fácil. Se empezó temeroso, con los altibajos de siempre en zona defensiva, donde el altivo Donovan logró filtrar un pase precioso a la locomotora de Davis, el mismo que puso en predicamento a Brasil en la final de la Confederaciones, que encarriló con potencia al área y sólo cambió a la derecha de Ochoa para aquietar el empuje de un Azteca que exigía una paseada similar a la de la copa Oro. Fue un gol hermoso, que aniquila el mito de la falta de técnica en el jugador americano. Así, en el minuto ocho, Estados Unidos tenían el partido en el lugar soñado. La historia reciente entre estos dos equipos auguraba una repetición inexorable, con un equipo mexicano tirando a sus armas vitales, la técnica, el manejo de balón, el cambio de ritmo, el centro hiriente,y sufriendo de la misma forma su carencia milenaria, la contundencia; y un equipo americano esperando, dejándose dominar, para terminar rematando en contragolpes fulminantes. La cosa, sin embargo, fue distinta. Y lo fue porque los verdes tomaron la confianza necesaria en la reciente final conquistada en suelo gringo. Y tuvo que ser el héroe de siempre, el viejito Blanco, el que empezara a tomar la pelota moviendo a su equipo a remontar un marcador que ya asimilaba los tintes de la hombrada. Empujado por una afición que lo idolatra, a la cual enamora, el viejito alcanzó a puntear un balón que ya reclamaba para sí el eficaz Onyewu, y que cayó a los pies de un Castro que de pronto se sintió tan solo y con tal espacio que metió un zapatazo desde fuera de la media luna: el balón tomó la potencia y la comba deseada y se terminó incrustando en el travesaño de Howard, luego picó de campana y se metió a meta. Un gol soberbio, respuesta similar al primer tanto estadounidense.
Con las cosas iguales el partido se empezó a inclinar a favor de México. Jugadas trabajadas, demasiado quizás, lograron asestar sendas amarillas a los defensores visitantes. Pero no había una jugada maestra, una llegada de peligro real. Giovani, el encargado de hacerlas, se escondía en un anonimato al que el mismo Blanco lo obligaba. Era notorio que el equipo verde jugaba en función del examericanista, y la finura del Cuau ya no es la de hace algunos años.
Fue a su salida, en favor del exigido Vela, cuando Gio comenzó a encarar con su habitual velocidad y regate. Pero el partido se ahogaba, el cansado equipo de Bradley miraba ya cerca la hazaña de llevarse un empate del Azteca. Entonces fue que apareció el menos pensado, el imberbe Juárez. El puma recibió un balón de pared y cambió de velocidad, él, de cuerpo tan limitado, y más si se le compara con el de su perseguidor, el soberbio Donovan, se metió al área donde Demerit le salió al paso obligándolo a chutar, el encontronazo tumbó a los primeros, mientras el balón llegaba quieto a los pies de Sabah, quien renacía las esperanzas mundialistas de los mexicanos con su punterazo dejando a Donovan tumbado en el césped, detrás de su portería, viendo el gol del quintanoarrense.
Con el triunfo México se mete de lleno a la pelea por los puestos directos mundialistas. Su fútbol, sin embargo, sigue sin encontrar esa armonía a la que aspiramos todos. Pero venga, se va recompononiendo el camino.

lunes, 27 de julio de 2009

México, con facilidad pasmosa, recupera la Copa de Oro

Ayer concluyó el torneo más insípido de naciones que el mundo puede ofrecer. México, tras un inicio incierto, donde le tocó enfrentarse a representativos que ni siquiera aparecen entre los primeros cien del mundo e incluso uno de ellos, Guadalupe, no es miembro oficial de la FIFA, encontró un fútbol efectivo y contundente a la hora buena. Fútbol que con el consiguiente canto de las sirenas de los medios nacionales trata de ocultar la crisis más profunda que se recuerde: convocatorias cuestionadas; jugadores claves pasando por un inusitado general de baja de juego; tres técnicos utilizados en un mismo proceso mundialista; una eliminatoria donde ya todos se atreven a faltar al respeto y donde se amanece en un no grato cuarto lugar que obliga a enfrentar en repechaje al quinto de sudamérica; un juego mezquino y una indisciplina recurrente, hasta del propio técnico que en una actitud reprobable pateó a un futbolista panameño.
El marco fue perfecto para terminar una ya acostumbrada jefatura que su vecino del norte le había impuesto desde aquella eliminación en cuartos del mundial de 2002; diez años habían transcurrido sin que los verdes pudieran cantar una victoria en suelo americano, y ayer lo hicieron, favorecidos por una inusual desconcentración del equipo estadounidense, que se puso a temblar de miedo cada que Giovani tomaba la pelota y enfilaba rumbo a meta quitándose rivales con una categoría que el chico ya debía. Mencionado como el sucesor de Ronaldinho en aquel Barza de la primera champions, Dos Santos había caído en una baja de juego tremenda que lo llevó a traspasarlo al Totenham inglés y de allí al equipo de segunda por no ser del agrado de un técnico que no lo pidió y que a la hora de verlo jugar no salió muy favorecido. Pero ayer mostró su nivel de juego, pidiendo la pelota en todo momento y reclamando incluso a Aguirre la entrada de su compañero de toda la vida, Vela, con quien se entiende a la perfección y por quien pedía a gritos luego de que Medina fallara en dos manos a manos que Gio lo había dejado.
Así fue, al inicio del segundo tiempo, cuando los gringos pudieron irse arriba en el marcador tras una falla de Juárez, que empezó la cadencia y la armonía de los dos chicos campeones mundiales. Primero fue un penal provocado por Gio y convertido por un Torrado que cumplió con creces su papel de capitán; luego fue una descolgada de Vela, que se cansó de quitarse rivales por el lado izquierdo y puso en boca de jarro a sus compañeros cuantas veces quiso; parecía un vendaval, todo balón filtrado hería en demasía a un equipo americano desconcertado, temeroso, incapaz de ofrecer resistencia al mexicano que iba encontrando las jugadas precisas.
Todo le salió bien ayer a México, hasta el inusual gol de Castro, pero no hay que tapar la realidad en la eliminatoria. México está obligado a ganarle al equipo titular estaduonidense el próximo doce si quiere seguir teniendo aspiraciones mundialistas.

domingo, 28 de junio de 2009

Brasil, maniatado el primer tiempo, pone en su sitio a un altivo Estados Unidos

Cuando les pregunatron a los federativos estadounidenses, aquel verano de 1994, previo al duelo de octavos de final de su mundial, que si estaban en posibilidades de ganarle al Brasil de Romario, que a la sazón se enfrentaban, serenos dijeron que en ninguna forma, que ellos aspiraban a ganar el mundial de 2010. A un año de que se cumpla la meta, los yanquis llegaron a Sudáfrica y estuvieron a nada de salir por la puerta trasera, tras dos goleadas iniciales; pero a costa de Egipto se levantaron y lograron su boleto a las semifinales de esta copa Confederaciones, donde amortiguaron a España arrancándole un invicto de 35 juegos.
En plena final, quizá inesperada por ellos mismos, los americanos arrancaron el partido ganándolo a los diez minutos, ante el Brasil más europeo que se haya visto. Incapaces los cariocas de desarrollar su fútbol recurrieron a las tretas europeas, juego de choque y explotación del área enemiga. Hasta allí tuvo que llegar Lucio, casi al final, para rematar un tiro de esquina que se iba en una parábola preciosa; un gol que puso las aguas quietas luego del imprevisto golpeteo americano del primer tiempo. Porque Estados Unidos había finalizado el primer lapso ganando 2-0. Primero con un centro chorreado, que logra Dempsey cachetear como no queriendo y se introduce preciso al rincón derecho de Julio César; luego en un contraataque fulminante, de los que saben hacer, ni mandado pedir, que Donovan convierte en un arranque de virtuosismo, recorta luego de recibir al último defensa brasileño y sólo coloca a la salida del meta carioca. Un 2-0 que traía el recuerdo de la reciente caída de España.
Pero Brasil salió al complemento dispuesto a comerse el partido, y a los treinta segundos ya Fabiano colocaba el descuento; curtido en Europa, el brasileño controló un balón fuera del área y a media vuelta golpeó abajo, lejos de Howard, que ya para entonces se agigantaba. La embestida brasileña siguió en busca del segundo, y llegó, cuando Kaká ramató de cabeza un centro a segundo poste y el meta americano sacó de adentro. El gol, sin embargo, no lo hizo válido el silbante. Tuvo que venir otra vez Fabiano, cuando ya le desesperación comenzaba a jugar de lado de los estadounidenses, para poner las cosas parejas. El gol de Lucio ya era cuestión de tiempo.
Queda el partido como sabia lección a los americanos, que fueron vencidos por su misma arma, y que no supieron cristalizar, tan acostumbrados que están en hacerlo, a la hora buena un marcador ventajoso; el partido les pintó ideal, con un 2-0 y su contragolpe, pero fueron aniquilados por la presencia del pentacampeón del mundo. Si aquella vez los federativos americanos pugnaban por el mundial de 2010, hoy a la vuelta de la esquina, pueden estar seguros de que serán fuertes competidores en él, pero deben aprender a manejar partidos para aspirar a tal cosa, a veces se ven demasiado inocentes, aunque eso sí, su principal fuerza es el conocimiento de sus virtudes, las cuales explotan al máximo. Una lección igual para México, que los enfrenta en duelo decisivo el próximo 12 de agosto, que deberá saber aprovechar las limitantes de sus vecinos del norte, que son muchas.

miércoles, 24 de junio de 2009

Estados Unidos pega la estocada.

La primera semifinal de la copa Confederaciones ha dejado una enseñanza seria. España llegaba con una resonada hilera de quince victorias consecutivas y jugando un fútbol vistoso, alegre, propositivo, elaborado y, por si hiciera falta algo, efectivo. Del otro lado estaban los obreros estadounidenses, que se habían colado de rebote, aprovechando la desfachatez de Italia. Y el resultado fue un 2-0, desfavorable a los españoles.
Administrando siempre la misma receta a sus vecinos mexicanos, siempre antes relegados por éstos en las grandes competencias, tal parece que los americanos se están acostumbrando a faltar al respeto. Hoy tenían enfrente a un equipo muy similar al mexicano, achaparrado, repleto de jugadores técnicos, ligeros y atrevidos. A eso opusieron su arma de sobra conocida, la que le valió la calificación a la Copa, el choque, la fuerza, la destreza mental. Su fuerza radica en que se conocen demasiado. Saben sus virtudes, que son pocas, y armonizan en conjunto sus sobradas limitantes. Atareados en la consigna de que es más fácil destruir que construir se plantan en una sólida y esforzada defensa, que así como se alardea comete a veces errores infantiles, para desplegarse luego en rápidos y letales contragolpes. Así le tiene tomada la medida a México, así se la aplicó hoy a España tumbando su fila de partidos invictos.
Los ibéricos fueron amplios dominadores del partido, una y otra vez se plantaron en el área de Howard, y una y otra vez fueron rechazados por esas torres que Bradley coloca en retaguardia. Sabiéndose superiores, los españoles no contuvieron su ímpetu luego de que aceptaran el primer gol en un error de Capdevilla; la definición hasta insulsa de Altidore vino a poner las cosas en su sitio: España atacaría en desbandada, campo favorable a la muy limitada ofensiva norteamericana. Más que jugadores capaces, los de Bradley semejan jugadores con suerte, no se apasionan, no sufren, siempre impávidos, mandando el mensaje que les da igual el marcador y luego atacan, o como que atacan, y su ofensiva suele ser letal porque tiene esa dosis de suerte. Un segundo gol a quince minutos del final, fabricado a trompicones, donde la dejadez de Ramos, tan criticado por Aragonés porque nunca aprendió a defender, pone el balón a modo para que el incansable Dempsey colocara el segundo. Poco partido para una respuesta ibérica que aun así no dejó de amenazar constantemente y con ocasiones claras la meta de Howard. Pero algo le faltó a España, el gol no le llegó nunca. No llegó porque el ataque español terminaba en servicios flojos, en centros a los que nunca aspiraba Torres o Villa, siempre escupidos por Onyewu y compañía, y porque el virtuosismo de los de Del Bosque llegó desenchufado, quizá porque ya se daban como seguros vencedores y llegaron a tramitar el partido para enfrentar al Brasil de Dunga.
Ahí queda el juego, con la enseñanza de que este fútbol global no admite rachas tan largas de partidos invictos, de que los partidos se ganan hasta que se juegan, y de que, y esto es lo más peligroso, a veces la técnica sucumbe ante la disciplina y la fuerza. Pero ahí queda también la armonía ibérica en tres decenas de juegos. Hoy España extrañó como nunca a Iniesta y Silva, sus volantes irreverentes.

domingo, 21 de junio de 2009

La agónica Italia

La fase de definición de grupos de la copa Confederaciones enfrentó a dos equipos históricos. Uno era la Italia de Lippi, obsesionada en defender su calcio, su fútbol de siempre, que parece que entra en un serio cuestionamiento; el otro era el Brasil de Dunga, el que no enamora, el que explota casi a la perfección las dos áreas en detrimento de su fútbol vistoso. Llegaron ambos arrastrando la secuela de aquel enfrentamiento en España 82, cuando las huestes de Sócrates sucumbieron ante el oportunismo de Rossi; desde entonces Brasil está dejando paulatinamente de ser Brasil, y la Italia ha encontrado punto final a su estrategia defensiva, tan demeritada que ya ni defensas tiene. Aletargados en la marisma del campeonato del mundo, los italianos se están volviendo viejos, fiel reflejo de sus equipos en Europa, que ya tienen bastante sin alzar la mano.
Lippi volvió a Italia a recomponer lo que Donadoni estaba echando a perder, y recurrió a sus futbolistas, los que lo encumbraron a la cima en 2006. Pero los Pirlo, los Gatuso, los Cannavaro, los Buffon, los Camoranesi, los Zambrota ya dieron sus mejores aires, y su forma de juego está siendo pisoteada ante la descarga imprevista de los contragolpes puros, donde Robinho, Kaká y el fusil Fabiano se dieron festín hoy. Brasil salió a pasear, aprovechando la lentitud y la ubicación inédita del calcio italiano.
Primero fue una falla de Cannavaro, quien habilitó a Fabiano y el del Sevilla pateó con furia convirtiendo un tiro chorreado de Melo en una asistencia a gol, reacción oportuna del brasileño, que se regodea en la titularidad mientras Ronaldinho se relaja. El propio Fabiano marcó el segundo en un contragolpe perfecto, nutrido de velocidad, letal ante la floja reacción transalpina. Y como si hiciera falta sepultar el estilo de juego de la Italia, se tragó el tercero en un autogol de Dossena, símbolo el gol de la franca debacle azurra, que ya tiene que repensar su estilo. La derrota dejó a Italia fuera de la copa, en favor del disciplinado Estados Unidos, que con un sólo triunfo alcanzó las semifinales. Tan mal estará Italia que su sistema no le alcanza para meter un gol, el que a la postre hubiera sido el de la calificación, y su entranador se empeña a defender su calcio histórico cuando ya se ha quedado sin defensas, sin los hombres adecuados para llevarlo a cabo.

domingo, 31 de mayo de 2009

Apelando a su garra, la UNAM llega a la cima

Los pumas se coronaron hoy campeones del Clausura 2009. Lo hicieron recurriendo a su arma eterna, esa fuerza innata de instinto felino que los socorre en momentos de apremio y que los ha llevado a un lugar que de sobra merecen. El partido fue intenso, cosa que los equipos quedados en semifinales sólo habían puesto.
Con una ventaja mínima, los del Tuca se presentaron al Hidalgo reclamando un protagonismo inicial que fue creciendo y luego drásticamente truncado por una insensatez de Juárez, el lateral tiró a Pérez cuando el panameño estaba de espaldas, sin ninguna posibilidad de remate, y el árbitro marcó el penal. Jiménez, tan alardeado por su convocatoria a la albiceleste, lo hizo efectivo lanzándolo al palo contrario de Bernal. Un desconcierto universitario que hacía visible Caballero cada que tomaba la pelota, el naturalizado se estaba comiendo el partido. Acierto genial de Meza, sin duda, que lo colocó en detrimento del enjundioso Torres. Pero Pachuca no cristalizaba su ventaja, una colada de Álvarez encontró su muro en un cristo de Bernal, cuando ya se cantaba el segundo. El medio tiempo llegaba con las cosas iguales en el global.
El complemento arrojó circunstancias dispares, emociones extremas y un alto grado de emotividad. Un centro hiriente de Palencia quedó para empalmarse de bolea, López erró al primer intento, el balón pegó en una pierna tuza y entonces ahí lo encontró el paraguayo, todavía al acecho, de media vuelta y lo arrinconó al palo izquierdo de Calero. Un gol hermoso, por la rapidez en la ejecución, que parecía suficiente para la causa puma. Pero Álvarez volvió a avisar que la cosa iba a ser más sudada. Ante un tiro tejido por una jugada precisa respondió Bernal con una mano arriba. Los tuzos se volcaban heridos a ofender, el tanque de Caballero se agotaba y se renovaba el Pachuca con dos cambios. Ahí fue cuando vino la jugada temida por los universitarios. Un disparo de falta de Jiménez llegó manso a Bernal, perseguido desde hace ya tiempo por golpes de suerte, siempre ninguneado por la afición puma, decisivo en las finales anteriores; pero el arquero se tiró confiado y el balón se le coló ante el espasmo de la defensa. Un empate global que ponía las cosas a hervir.
Con diez minutos en el reloj Ferreti reaccionó mandando a Bravo, su mejor hombre, a buscar la última gesta, tan acostumbrada la UNAM a resolver los partidos sobre el tiempo. Y no lo hizo; pero metió la estocada. En un desborde de Bravo, Mustafá lo zancadillea ganándose una roja que pareció muy exagerada. Así terminó el partido. Con la mesa puesta para que los pumas aprovecharan su ventaja. El empuje universitario encontró pronto situación, cuando una vez más Bravo se interna en el área y puntea a la salida de Calero, la pelota pega en el poste, recorre toda la línea y le cae a López, quien desprecia el traje de héroe y erra un disparo inverosímil. Era el momento puma. El Pachuca ya no tenía capacidad de respuesta, metidos todos atrás con la esperanza de llegar a los penales y aprovechar la estima de Bernal. Casi lo logra.
Pero tenía que llegar la garra puma en un producto de su cantera. En el segundo tiempo extra desbordó Barrera y lanzó un tiro centro que anunciaba salida errónea, Calero sin embargo le metió las manos y el balón se le coló con dirección a meta. Fue el mismo error de Bernal de hacía rato, cobrando la lluvia el mismo precio a ambos arqueros.
El gol anunciaba al campeón. Sólo fue esperar a que concluyera el tiempo porque los tuzos ya no presentaron batalla. El título quedó en manos universitarias, muy merecido.

jueves, 28 de mayo de 2009

Barça, sublime

La cita era ayer en Roma. El mundo acudía a la apreciación de una obra de arte. El Barcelona se encargó de recordarnos que el fútbol es un juego de equipo, y que su ideal es alcanzar la comunión perfecta entre precisión y rapidez. Cuando esto se plasma en el terreno de juego se arañan los cánones de la estética. Era un momento y un equipo excelso. Tan grande el Barça que opacó la soberbia del Manchester de Cristiano, invicto en Europa en sus últimos 25 juegos.
Rebotados los de Old Trafford a su condición de humanos, sólo pudieron disputarle a los de Pep los primeros minutos, cuando Ronaldo apeló a una pifia de Valdez y dejó la pelota muerta en el área; preciso llegó Piqué a la salvada. Un desconcierto inicial que llevó al portugués a pegar cinco veces a puerta. Entonces tomaron los baulgrana la pelota para no prestarla ya más. Era hilada tras hilada, como si se estuviera confeccionando la mortaja del United. Primero recuperó Xavi y filtró a Etoó, el camerunés enfiló a puerta, retrató con un recorte a Vidic y pateó de punterazo a Van der Sar. Un gol magnífico, del cual el Manchester ya no se recuperaría.
Ronaldo había llegado como campeón y Balón de Oro, era él, punta de lanza de un equipo hecho para ganar; pero que ya había mostrado debilidades con el Porto. Ante Cristiano el Barça puso su mejor arma: el juego de conjunto; un tridente achaparrado, nada extraño para semejante quehacer -Maradona podrá estar complacido de que ya tiene sucesores-, Xavi, Iniesta y Messi, todos productos de la cantera. Los tipos tocan el balón con dulzura, lo mueven, lo trasladan, le ponen armonía y hacen que uno asista perplejo al contemplar tal dominio, tal arte. Sublime. Es la categoría estética que uno admira cuando ve jugar al Barça, se goza entonces en letargo el juego.
Y por si era necesario decir quién era el mejor del mundo apareció Messi, por donde menos se le esperaba, rematando de cabeza un centro más de Xavi. Un 2-0 para coronar la temporada de ensueño del mejor Barça de la historia.

domingo, 24 de mayo de 2009

Pérez, sobre el tiempo, termina sepultando la ilusión india.

Un gol de último minuto puso las aguas quietas en el Hidalgo. El empuje bravío de los de Juárez encontró su antídoto en las botas del panameño, tan errático en el encuentro, pero con una salpicada de fortuna al final. Fue en pase impensado, rebanado por Montes y colado entre las piernas de la defensa india; Pérez lo toma y asegura con el interno, superando el arañazo de Saucedo, que ya para entonces reclamaba su traje de héroe. Efectivo como pocos, el meta tiene que pagar su destino de tapar en equipos chicos, alejado de los reflectores que catapultan a sus colegas. Un partido que comenzó vibrante, con dos llegadas incisivas del visitante, tan acostumbrado al menosprecio y por tal a la sorpresa. Pero el Pachuca se relambe su colmillo, mucho equipo como para permitir una aventura contraria. Un gol de Cárdenas, que empujó el balón ante la grosera marca india en un tiro de esquina, puso las cosas en su sitio. El partido se empezó a jugar a conveniencia del Pachuca, que enredaba el juego y aprovechaba con latigazos rápidos el desconcierto contrario.
Sumido quizá en el aletargamiento de los goles, el cuadro de Meza fue incapaz de ampliar la de por sí ya holgada ventaja. Fue entonces cuando los indios apelaron a la hazaña, la misma que había dejado fuera a las chivas en el último duelo de la regular y tumbado al Toluca en cuartos. Santibáñez remataba sobre el final del primer tiempo una pelota que quedaba muerta en el área. Uno-uno para irse al descanso y planear la hombrada.
Y parecía que llegaba. Al 60 el uruguayo Rodríguez empalmó una pelota a bote pronto haciendo inútil la estirada de Calero. Inmediatamente surgió el desconcierto. Una salida torpe de Calero lo obligó a tocar el balón con la mano fuera del área; pero Archundia se negó a echarlo: era roja directa. Amedrentado quizá por la presencia de Calderón en el palco tuzo, el árbitro bateó la remontada histórica.
El duelo se volvió tenso, Eugui clamó sus últimos cambios esperanzado en la fortuna de Giménez. Pero fue Maggiolo, que también ingresaba de relevo, el que puso el 3-1 a diez del final. Un pase largo sorprendía a la defensa tuza dejando solo al argentino, quien sólo tuvo que bombear ante la salida inútil de Calero. Era la apoteosis. Los de Juárez estaban a un solo gol de continuar su historia romántica. Y Malagueño tuvo la gloria, en un tiro de esquina donde hasta Saucedo corrió a rematar. Le quedó el balón a merced para catapultar a su equipo más allá del mito: pero su disparo salió lamiendo el poste derecho. Se iba así la ilusión fronteriza.
Entonces apareció el panameño, quien ya antes había errado tiros groseros. Y se llevó el empuje indio. Ahí queda, sin embargo, la zigzagueante campaña del benjamín, condenado por muchos al descenso y codeado por su hambre con los grandes, envuelto en la insigna del deber cumplido.