lunes, 28 de junio de 2010

Cocinado a la parrilla


No hubo Leipzig. México se cocinó rápidamente donde más atizaba la parrilla argentina. Nada de épica. Nada de llevar a los de Maradona al límite. Los kilos de carne que anunciaba México terminaron siendo un vulgar bistec desmenuzado por Aguirre, puesto al fuego por Rosetti, que a la mitad del juego, en el túnel, iba bufando porque las cámaras lo evidenciaron, sellado por Huguaín, tras ridículo error de Osorio, y cocinado al punto por Tévez en un gol de antología, como acostumbran los argentinos cada vez que se enfrentan a México.
Aguirre, terco como mulo cerrero, demostró que lo suyo no son los paquetes grandes, por más que se erija caudillo de un nacionalismo de escaparate. Su imagen eclesiástica de orador ramplón, dirigiendo a las huestes mexicanas desde el Ángel de la Independencia, cayó al ridículo ayer al no poner sobre la yerba una alineación sensata, como en todo el mundial. Se casó con un grupo de jugadores y éstos no le respondieron. Sólo alzaron la mano los más jóvenes, que parecen aptos para en un futuro llevar a México al ya obsesivo quinto partido. México padece el complejo del quinto.
No necesitó Argentina encontrar a Messi, su parrillero estelar. Bastó la inocencia mexicana, que corrió resignada como animal al matadero. Aún así, los de Aguirre metieron miedo a los argentinos en el inicio (Guardado estuvo cerca en una, Hernández se precipitó en otra), hasta que el Conejo decidió dejar la bola en las piernas de Messi, en una salida donde anticipó a Tévez, y la zurda educada del Balón de Oro le regaló a su media punta el primero. Tévez estaba en claro fuera de juego. El línea dejó seguir. La televisión en el estadio mostró el error de Rosetti. Los mexicanos se avalanzaron contra el línea. Rosetti consultó. El línea, tras mirar la repetición y con una cara de vergüenza espantosa, le dijo que en efecto había existido fuera de juego. Pero Rosetti no se retractó, ni ante la mirada llorosa y la súplica de Giovani. Sabía que si hubiera invalidado la jugada hubiera dejado de ser árbitro FIFA. Un mártir así necesita Blater para desechar su ceguera tecnológica.
México se frustró ante la mala suerte. Los miedos de siempre recorrieron hasta los tuétanos a los futbolistas mexicanos, incapaces de mostrar reacción. El destino se ensañó con Osorio. En una jugada insípida, la bola cayó a sus pies con tiempo, espacio y todo a favor para salir jugando. A metros merodeaba Huguaín. Osorio, en un recurso sobrado, intentó pisar la bola para salir por derecha: pisó mal y la bola llegó quieta a los pies de Huguaín. El Conejo quedó pasmado, como salido de la chistera. Con dos goles encima, México no se enteró que faltaba una hora por jugarse. Bautista pensaba más en su madre (fallecida recién), Giovani en su hermano, recortado como chacha. El ataque mexicano lucía demasiado chato. Tuvo que entrar Barrera para demostrar que en México también se juega al fútbol. Pero antes de que pudiera pesar, Tévez tomó la bola e hizo el tercero, un gol portentoso, pateado desde Buenos Aires.
Alcanzó México a decorar el marcador, en jugada individual de Hernández, un disparo soberbio que se fabricó con las tripas, metiéndose entre las piernas de Otamendi. El clamor popular encontraba desahogo. Pero quedan interrogantes. El día en que los directivos dejen de poner por delante la idea de hacerse ricos, quizá nuestro fútbol se acuerde de competir. Johanesburgo ha puesto al fútbol mexicano ante el espejo.

Calamitosa Inglaterra


Cuarenta y cuatro años después Alemania cobró el ultraje de Wembley. Una vaselina de Lampard, que debió haber terminado en gol sólo porque fue la única cosa que nos dio noticia de la presencia en Sudáfrica del centrocampista inglés, pega en el larguero y pica dentro dos metros más que aquel remate en Wembley; pero Larrionda, crucificado por su línea, se negó a hacerlo efectivo. Era el 2-2, la respuesta relámpago de la Inglaterra de Capello a la eficacia alemana. Pero algo de revancha tiene el fútbol, aquel gol de Hurst cobraba elevada factura en Bloemfontein.
La no aprobación del gol convirtió a Inglaterra en un equipo desajustado, acéfalo, puesto a prueba una y otra vez en defensiva, donde la "calamidad" James fue mero espectador del contragolpe alemán. Inglaterra quedó exhibida por unos chicos ágiles y contundentes, que saben jugar con la bola sobre el pasto y no son brasileños. Apareció Özil de nueva cuenta para mover la maquinaria teutona, el chico tiene ojos de quien patea un panal y se arrepiente, pero su inteligencia para trasladar el jabulani es descomunal. Él fue quien mandó a Podolski, a Klose y a Müller a despedazar a los ingleses.
Inglaterra dice adiós así a su generación dorada, que nunca se graduó, retirada de Sudáfrica sin haber mostrado señales de prestigio. Nunca tan improductivo Rooney como en esa posición falsa de media punta. "El chico malo" vagó en todo el mundial, refunfuñando hasta por las cosas insulsas, mostrando sus muecas de pandillero. Alemania aprovechó el enojo inglés y se dispuso a devorarlo sin reticencias. Cuenta saldada.

viernes, 25 de junio de 2010

España libra a Brasil


Al final, la cosa concretó como el presagio. España termina primera y se medirá a su vecina Portugal. En la yerba, le costó un susto agónico. Ante la banda de Bielsa, disminuida buena parte del juego por la expulsión de Estrada, los españoles tuvieron que dejar de lado su famoso tiki-taka y jugar con la mirada pendiente en Bloemfontein, donde Suiza se jugaba todo ante Honduras. Chile demostró que es el equipo que mejor juega, siempre a ras de pasto, sin importarle que enfrente tuviera a la prestigiosa selección de Del Bosque. Pero lo que había abandonado a España en los encuentros previos apareció hoy de la nada, cuando Chile era amplio dominador del juego. La supremacía chilena (la más clara una mala pegada de González frente a Casillas, tras una triangulación vertiginosa) pagó caro su contundencia en un mal control ofensivo. La zaga española lanzó a correr a Torres en un despeje con sentido y Bravo, el meta chileno, llegó antes que el ariete en la carrera, barriendo el jabulani que cayó a la zurda de Villa, la menos educada, y el Guaje, sin pensarlo, lo levantó desde larga distancia a puerta vacía. La bola salió precisa.
No se aminaló Chile tras el gol. Beausejour tuvo el empate en la jugada siguiente, en una descolgada por la banda izquierda, y Piqué llegó para desviar ligeramente a esquina. Bielsa se lamentaba, en cuclillas, como acostumbra observar los partidos. La falla chilena se volvió en contra en otro error en la salida. El jabulani llegó a Villa por izquierda y éste sirvió a la llegada de Iniesta, recuperado hoy, quien pateó suave al poste más alejado de Bravo. El gol le costó a Chile la expulsión de Estrada, injusta.
Con dos en contra y un hombre menos, los de Bielsa iniciaron la segunda parte en la misma línea, buscando y arrebatando la pelota al equipo que mejor la maneja. Villar, que había abanicado en una previa, tomó el balón al borde del área y pateó a la esquina de Casillas, la bola repotó en el cuerpo de Piqué y se terminó metiendo. Chile encontraba un gol justo, por lo que había realizado en la primera mitad. Con calculadora en mano, Bielsa previó un gol suizo en Bloemfontein. Entonces tiró a su equipo en su propio campo. España, neutralizada hasta entonces pero arriba en el marcador, sólo pudo disputar la bola a la entrada de Cesç. Fue cuando más cerca estuvo del tercero, pero la defensa chilena se engrandeció.
Un partido que amenazaba por ser el mejor del mundial lo tiró a lo cotidiano Rodríguez, el árbitro mexicano, en la expulsión rigorista de Estrada. Con el handicap del gol a favor, Chile se tiró a defenderlo con uñas. Ya no hubo partido. Silva esperó en la raya de cal diez minutos para entrar en cambio: la bola nunca se paró. Así de bien estaban las cosas en el otro duelo. España se mostró, por primera vez en mucho tiempo, falta de ideas y hasta temerosa. Le habían hablado de la banda chilena, y enfrente esperaba Brasil, demasiado riesgo para intentar echar las cartas.

jueves, 24 de junio de 2010

Ha muerto el rey


Cayó la Italia de Lippi, la campeona del mundo. Abdicó como le exigía su historia, bufando hasta el último segundo, recurriendo a su inquebrantable espíritu y a sus piernas educadas, por más que hoy lucieran reumáticas. Cayó ante Eslovaquia, un debutante en copas del mundo; pero antes había enfrentado a Paraguay y Nueva Zelanda, sin poder vencer a alguno. Arrastró su fama, como siempre, pero la tradición de jugar con lo justo la primera fase no le valió esta vez.
Noqueada al término de la primera parte, retiró a su último centurión, Gattuso, que entró de inicio sólo a partirle la rodilla a Strba, y puso a Quagliarella, con quien Italia tuvo la clasificación a tiro de ballesta, pero no le alcanzó. Los eslovacos salieron de inicio por el triunfo, único resultado que les clasificaba, y aprovecharon la floja marca italiana para apuntar el primero de Vittek en un pase filtrado por el centro, donde alguna vez Cannavaro lució impasable, que resolvió el ariete con un punterazo a la derecha de Marchetti.
Eslovaquia dominó con cierta facilidad la primera parte pero sacó poca renta. Con una Italia ya decidida a jugarse todo en la segunda, dominadora del juego, teniendo ya sobre la yerba a Pirlo, aunque mermado, los eslavocos retrocedieron para arropar a Mucha. Italia encontró opciones con su revulsivo Quagliarella, tirado a la banda izquierda; Iaquinta y Di Natale husmeaban las narices de Skrtel, quien salvó el empate en la raya. Era una asfixia hasta cómoda para los de Weiss, que aprovechaban la poca solidez defensiva italiana en los contragolpes. En uno de ellos volvió a aparecer Vittek para anotar el segundo y mandar aparentemente a los italianos a casa. Los eslovacos, verdes en competiciones de esta naturaleza, no intuían que enfrente habría partido, el más vibrante de esta copa del mundo.
Siete minutos después, ya en coma, Italia encontró una combinación explosiva en las piernas de Iaquinta y Quagliarella, el balón lo tapó Mucha, pero quedó a merced de Di Natale. Diez minutos por jugarse y un gol de diferencia; Italia empatando lograba la clasificación. Lo consiguió en la siguiente jugada, pero Di Natale había rematado en fuera de lugar. Mordiendo la yugular eslovaca, Italia se desentendió en un saque de banda, una jugada donde no se esperaba nada. Kopunek, que ya había amenazado con entrar en la primera parte tras la salvajada de Gattuso a Strba, le marcó la asistencia al chico que sacaba por la banda y aceleró entre Cannavaro, Chiellini y un De Rossi que lo miró pasar. La bola botó frente a Marchetti, pero el eslovaco llegó primero para levantarla suave a la salida del meta. Tres minutos por jugarse y la Italia en la lona. Fue entonces cuando a Quagliarella le llegó el jabulani al borde del área y se acordó que él también sabía jugar fútbol: picó la bola en una vaselina para clarear a Mucha y poner la carne en su punto. Sólo eran dos minutos. Italia desperdiciaba su último envión en la zurda de Pepe.

miércoles, 23 de junio de 2010

Alemania pincha y anestesia


Este mundial será recordado por el circo francés y el parto de Alemania. El equipo de Löw ha desechado el juego panzer alemán, la carrocería, y ha cometido la irreverencia de escoger chicos diminutos, traviesos, aparentemente inofensivos, pero capaces de trasladar la bola y meterse entre las piernas de los rivales. Sin Ballack, Löw miró a la Bundesliga. Allí encontró al poderoso München (los chicos de Baviera no juegan igual que en su club. Müller se tira a la banda, Schweinsteiger arropa, Lahm es un meteorito, Klose anota); allí también encontró al Bremen, de donde sacó al defensa más alemán, Mertesacker, y a dos futbolistas achaparrados que representan la antítesis del fútbol germano, Özil y Marín. La revolución de Löw está en su convocatoria. Por ahí desfilan turcos, polacos, brasileños y hasta un ganhés que hoy precisamente se enfrentó a su hermano, a quien detesta.
Ghana es un equipo de atletas, de carreras largas, demasiado riesgo para este renovado conjunto alemán. Pero el equipo africano acusa recibo de su inocencia, llega hasta con cierta facilidad al area enemiga y no lastima. Su sobrado fuelle le hace errar constantemente. Aun así, y pese haber caído con este experimento alemán, es el único equipo africano que está levantando cara en el mundial.
El partido se definió cuando Özil acertó en la segunda, la más complicada. En la otra, en una combinación de velocidad y oportunismo, quedó solo frente a Kingson, erró. Pero un zapatazo de fuera del área, donde esperó la bola para empalmarla en el momento justo, bastó para amortiguar la zancada ganhesa. Gyan asomó frente a Neuer, Ayew se excedió en regate. El experimento de Löw estuvo a nada de quedar en el matraz. Ahora le espera Inglaterra, con quien hay asuntos pendientes. Ghana se medirá a los esforzados estadounidenses.

La infantería salva a la reina


Al parecer Rooney se quedó en Manchester, como Gerrard en Liverpool. Aturdidas las estrellas, incapaces hasta de mirarse de frente Lampard y Gerrard, tuvo que venir la obrería inglesa para levantar un partido ante la pujante Eslovenia, que llegaba con pocas cosas como líder de grupo y se tuvo que tragar la eliminación en el último minuto por un gol en Pretoria.
Fue el esforzado Milner, un chico que apareció de la nada en la alineación de Capello, quien corrió la banda derecha como caballo desbocado, cómodo en ese potrero de Port Elizabeth, y mandó un centro tendido a la aparición de Defoe, quizá el chico más insignificante de la delantera inglesa, para que éste acometiera la bola con la parte interna e hiciera inútil la reacción de Handanovic. Con la cosa resuelta, Inglaterra se comenzó a soltar. Pero su eterno juego aéreo lució tímido, inoperante ante la poca estatura de Defoe. Entonces Rooney y Gerrard decidieron intentar por el centro. En una disparó el del Liverpool, en otra el red devil, pero en ambas aparecieron los guantes oportunos del meta esloveno.
Atrás, Terry rechazaba todo con la cruz de San Jorge en el dorso. No permitió un disparo con peligro hacia James, no le importó lanzarse de cabeza cuando se quedó sin recursos ante un fino regate del ariete esloveno. En Pretoria, los estadounidenses eran incapaces de horadar la meta argelina. Conocedores de esto, eslovenos e ingleses se dieron al mano. El juego cayó en un asunto de amigos, Rooney abandonó la cancha y Eslovenia lució muy improductivo, por más que Birsa se empecinara en pedir la pelota. A empellones, como le gusta a Terry, los eslovenos no iban a pasarlo. El partido acabó con Inglaterra perdiendo el tiempo. Ambos conjuntos se felicitaron. En eso, desde Pretoria, llegaba la noticia nefasta: Donovan anotaba para los estadounidenses. Inglaterra quedaba segunda. Eslovenia eliminada.

martes, 22 de junio de 2010

Fallaste, corazón


Uruguay puso lo que tiene; Aguirre se guardó. Uruguay es un equipo que respeta su fútbol, por más que no emocione; México es una hilera de contradicciones, desde su técnico mediático, vendedor de una idea de juego que no aplica, hasta sus jugadores impostados (e impuestos, pareciera ser). ¿Qué cosa obliga a Aguirre a mantener a Blanco sobre la yerba si el examericanista desde hace rato que es una pieza de museo? Es risible lo de Cuauhtémoc. Por más ganas que tenga de mostrar su alguna vez glorioso fútbol, o de hacerle ver a Lavolpe su equivocación pasada, a los 37 años sólo se aspira a evitar el ridículo. Uruguay dio hoy las gracias y aprovechó la cefálea mexicana para con un solitario gol de Suárez colocarse primero de grupo y evitar a la Argentina de Messi.
Aguirre pertenece a esa clase de técnicos que se empecinan por mostrar en sus equipos el fútbol que de jugadores intentaron lograr. La garra del Vasco, su predilección al juego de conjunto, al compañerismo, lo ha llevado a ser un técnico medianamente exitoso. Por otro lado, siempre ha tenido problemas con los jugadores fantasistas: Aguirre no sabe qué hacer cuando un jugador se le sale del renglón. Por eso se le escapó Agüero en el Atlético; por eso Sinha nunca tuvo cabida en esta selección.
El estilo de Aguirre es un retroceso, una búsqueda sin sentido de una identidad. La historia nos dice que México pare jugadores con técnica, jugadores que gustan del buen trato de balón y que generan jugadas por más que no las concreten en goles; así lo entendió Lapuente en el 98, así lo hizo también Lavolpe en 2005. Pero Aguirre no ve esas cualidades, monta su equipo desde el orden táctico, con esperanzas mínimas de desequilibrio, sentadas en las piernas de alguno que otro chico aventurero (si no es Giovani no es nadie). En la gira europea había funcionado la velocidad; hoy Aguirre se traicionó y puso de inicio a sus delanteros más torpes. Primera incongruencia: no respeta su forma de juego.
La terquedad de Aguirre por mantener a Franco en la alineación da atisbos para pensar cosas que deberían quedar ajenas en un partido de copa del mundo. Pero en México se puede todo. ¿El Guille Franco es uno de los jugadores impuestos? ¿Qué ha hecho Franco para merecer el 9 de la selección? Hernández se ha tenido que tragar la banca a pesar de que anda con un juego muy superior. Segunda incongruencia: la alineación de jugadores (Blanco, Franco, Torrado, un Márquez fuera de sitio, Osorio, Pérez) que no pasan por su mejor momento. Aguirre había avisado que jugarían los más aptos.
Con dos handicaps a favor, Uruguay saltó a morder a México, a presionarlo desde la salida, soltado de la rienda porque los delanteros mexicanos no tomaban siquiera la pelota. Suárez tuvo el primero aprovechando el desconcierto azteca, pero erró a poste contrario. Al final del primer tiempo, sin embargo, cuando México daba ligeras señales por intentar hacer partido, no iba a perdonar. Forlán tomó la bola y habilitó a Cavani por derecha, éste condujo lo más posible hasta mirar a Suárez en segundo poste y mandarle un centro preciso. Rodríguez se perdió ante la aceleración del delantero charrúa, Pérez no salió a cortar, Suárez recibía con toda calma.
Al inicio del segundo tiempo sorprendió la salida de Guardado. ¿Qué no le bastó a Aguirre con Ramoncito en el 2002? Con un Cuauhtémoc que aventaba el páncreas con sus carreras cansinas, prefirió retirar a Guardado, el único que se había atrevido a intentar algo distinto, un tiro lejano que tomó la comba deseada por los inventores del jabulani y se estrelló en el larguero para picar fuera. ¿Qué pasó en el vestidor entonces? ¿Aguirre no puede con Guardado?
Uruguay se acopló a la entrada de Barrera. Dominó el partido cuanto quiso, hasta que Aguirre se enteró que Francia del otro lado ponía la cosa fea. Entonces metió a Castro, otro disciplinado, y decidió que ya no iba a haber partido. Ni Hernández, que ya para entonces había ingresado por un Blanco deplorable, ni Barrera, aunque lo intentaron, pudieron inquietar a la sólida defensa charrúa. Los de Tabárez no han recibido gol, Lugano se pasea por el área con una autoridad de comandante.
Espera Argentina. Para aspirar al triunfo se debe recomponer todo. No se pide más que las cartas se pongan sobre la mesa. Aguirre le apostó a un estilo y debe respetarlo. La congruencia (una defensa ordenada, con Márquez como capitán, y la explosividad de los delanteros, Hernández, Gio, Vela, Barrera, Guardado desde un inicio) puede sacar a flote un barco que parece se hunde. Los fantasmas de Leipzig vuelven a rondar.

viernes, 18 de junio de 2010

Los astros propician el eclipse francés


El astrólogo Domenech volvió de nuevo a los consejos zodiacales y decidió retirar a Gourcuff, el guapo, quizá el único jugador centrado de este putero francés, en favor de un incómodo Malouda. Aguirre respondió tirando a Osorio a la lateral. El duelo se antojaba de rechupete. Osorio lo ganó cuantas veces quiso, dándose incluso el lujo de aventurarse por toda la banda. La vaguedad de Malouda, sin capacidad de regate y aturdido porque Ribéry jamás llegó en su auxilio, representa el caudal de aguas negras a las que se han tirado estos irresponsables franceses.
No hay equipo en los bleus, cada cual tira por su lado. Ribéry ha impuesto su mafia de las tetas enormes (la cual aplaude Benzemá), y los negros se han acoplado en torno a la ya agónica capacidad de Gallas; frente a ellos, Gourcuff apesta. El cerebro del Bordeaux se ha tenido que tragar el racismo negro postmoderno. Flotando como diva, Henry espera señalado por su espantosa mano. Domenech ni siquiera lo volvió a ver, como si Henry portara consigo el aliento de la peste. Con todo eso es imposible formar un equipo, por más que los astros se formen a favor.
México ganó el partido porque tenía todo para hacerlo. Pero otorgó demasiadas concesiones a un equipo francés eclipsado. En el segundo tiempo, cuando el equilibrio mexicano había maniatado a los franceses, pero sin conseguir suficiente pegada salvo algunas carreras de Giovani, Aguirre abandonó su juego precavido y requirió a Hernández pensando quizá en el regaño de sus patrones de la Iniciativa México. Con la entrada precipitada de Barrera por un lesionado Vela en el primer tiempo, Aguirre tenía suficiente fuerza para ir por el partido. Pero la permanencia de Franco impedía que Hernández se colocara como referencia en el ataque. Entonces el Vasco se decidió por Blanco. En una jugada de taco del diez, la bola quedó en las piernas de Torrado, Hernández se botó para recibir y tocar a Márquez, ayer imponente, controlador siempre del juego, lanzador acertado a los huecos de la defensa gala; Márquez miró la aceleración del Chicharito, que pasaba como ráfaga entre las piernas de Gallas y le lanzó la bola. Hernández recibió en fuera de juego (que el árbitro dio por bueno) y se puso frente a Lloris, lo eludió en un recorte por fuera y empujó sin complejos la bola a la red.
No hubo respuesta francesa. La perfecta sincronía defensiva mexicana quitó en todo momento la pelota a Ribéry y Gignac. Govou, un chico que no ha hecho nada para portar la casaca que un día usaron Platini y Zidane, tuvo que salir en favor de Valbuena, el mismo que había tenido un pleito con el Vasco. Ante la flaqueza bleu, México perdió el complejo y consiguió el segundo en un penal de Blanco, tras jugada dudosa de Barrera. No hubo siquiera reclamo francés: la mano negra encontraba la misma muerte.

jueves, 17 de junio de 2010

¡Jolines!


España apresuró la subida al Olimpo y un gol a empellones de Fernandes la precipitó al barro. Entonces recurrió a sus extremos, sin abandonar su tejido armónico, pero salvo un tiro seco de Xabi, no pudo inquietar a Benaglio y se tuvo que tragar una derrota monumental como inesperada.
Nunca abandonó su estilo La Roja, recurriendo excesivamente a elaborar telarañas precisas; pero ahí donde los juegos se ganan picando pala y con un poco de suerte no pudo atisbar. Ni Xavi ni Iniesta; tampoco Villa. Tuvo que venir Piqué para crearse una filigrana que a nada estuvo de emular aquella frente a Julio César; pero no pudo ser. Nada le iba a salir a España como no fuera su arma que le dio mote: la furia.
Elogiada por todos lados, recibiendo el respeto de todos, España parece que se apunta a defender un estilo barroco, el mismo que la hizo campeonar en Europa. Un mundial es otra cosa. El Brasil de Sócrates mostró que no necesariamente gana el que juega mejor. España se ha impuesto la orden de los caballeros defensores del jogo bonito, tiene hombres para hacerlo, y hasta ayer la cosa le había funcionado a la perfección. ¿Qué pasó entonces? ¿Exceso de confianza? ¿Juego entre telas de seda cuando se requiere de vez en cuando tirarse al charco? Quizá. Casillas salió mal en la única jugada que tuvo, en la otra, donde Derdiyok hizo la jugada de su vida y lo frustró el palo, quedó a la merced del suizo.
El gol de Fernandes, a trompicones, en una descolgada por derecha que dejó al ariete Nikufo delante de Casillas, y donde el balón rebotó entre todos tras el encontronazo que le partió la cara a Piqué, golpe que lo atontó y no pudo reaccionar a la llegada del suizobrasileño, llegó con un mundo de tiempo por delante. Pero España no pudo inquietar. Todas las bolas tenían que pasar por la cadencia de Xavi y la sobrada inteligencia de Iniesta: demasiado previsible su juego. Lo entendió Hitzfeld, que mandó a sus chicos a confortar a Benaglio y desbaratar todo intento barroco español.
Del Bosque mandó dos alas, Navas y Pedro; por más centros que mandó el sevillano, casi todos a media altura, insulsos, España no encontró un desahogo por la banda. La única bola medida que logró mandar Xavi la resolvió Benaglio en una salida rapidísima. Suiza se colocó, y conforme fue transcurriendo el tiempo fue ganando confianza. Eso le dio bríos para soportar el último envión español. La Roja mostró tibieza, única cosa que no se pide en los partidos mundialistas. Habrá que esperar cómo reacciona. Por lo pronto, ha visitado el barro.

Ordem e progresso


Ganó Brasil; esperado. Lo hizo recurriendo a una lógica que lo niega a sí mismo; con Dunga en el banquillo, igual es esperado. Así resolvió Brasil en el 94 su escasez de títulos mundiales desde el México 70. Las selecciones cariocas, abanderadas perennes del fútbol vistoso, fueron quedando eliminadas por selecciones oportunistas que esperaban un error de los no muy fiables entonces defensas brasileños. Parreira lo resolvió en el 94 sacrificando a Raí, el hermano de Sócrates, por un Mazinho tronco e indecoroso, pero efectísimo en la marca y en la recuperación de la bola. Brasil campeonó teniendo como referencia a Dunga, hoy técnico. A eso apuesta de nueva cuenta Brasil. Eliminados Ronaldinho y Adriano, Dunga sólo tiene delanteros cumplidores, no fantasistas.
La historia le reclama espectáculo; eso a él no le apura. Mantiene su fe en una buena defensa, teniendo al mejor arquero del mundo, a defensas de respeto, a dos pivotes incansables y a un lateral que es digno sucesor de Cafú. Maicon le resolvió el juego en un disparo inverosímil, cuando se coló por derecha y lanzó un tiro sin ángulo que sorprendió a Ri Myong Guk. Eso hubiera bastado; pero Robinho se acordó que era brasileño y metió un pase preciso a la llegada de Elano.
Kaká no dio noticias, contagiado al parecer por la disciplina que exige su técnico. Fabiano anduvo igual ausente. Robinho intentando hacer malabares, sean eficaces o no. Ante el ensayo brasileño, respondieron los norcoreanos, más por hacer sonreír a su líder militar que por otra cosa; encontraron un gol en una internada de Ji Yun Nam, un gol precioso, haciendo un tajo en el sector derecho brasileño. Premio para Corea, que se lanzó por el empate con un entusiasmo inquebrantable, como lo exige su líder, pero que no lo encontró porque para atacar a Brasil se necesitan muchas más cosas. Ahí sí responde el equipo de Dunga, sobrio y hermanado en defensa.
No habrá que buscar el juego bonito en Brasil, porque parecen que sus jugadores padecen pubalgia. Hoy, el equipo de Dunga se refugia en el lema que muestra su bandera.

lunes, 14 de junio de 2010

Ordnung und Leistungsfähigkeit


Alemania demostró cómo. Ante los lamentos hacia el jabulami y las quejas a un ambiente hostil, que no tiene que ver con las vuvuzelas y sí con los frecuentes asaltos a turistas, periodistas y delegaciones, los alemanes pusieron la bola en la yerba, miraron la portería contraria y se volcaron hacia ella. Nada de pretextos. Alemania consigue todo a manera de torbellino, así se trate de derrotar a los australianos, un equipo tan débil que por eso mismo pugnó clemencia. A Löw no le importó. Acomodó en el campo al equipo menos alemán que se recuerde, una extraña mezcla de turcos, brasileños y polacos, y los puso a jugar con la idea de conseguir goles metida entre ceja y ceja.
Ante la ausencia de Ballack, respondió con la incorporación de Özil, un chico tan rápido y tan oportuno y vivaz que hizo olvidar de momento la añoranza al juego teutón de choque. Esta Alemania no carga bíceps; sí mucha irreverencia. Pero por más aventura que intente conseguir, la premisa es clara: partir desde el orden. Ahí, en la media cancha, el tipo más alemán que conserva es Schweinsteiger; en él recae todo avance alemán, él también es el primero en contener los del contrario. Asentado como pivote, el del München reparte el juego a sus costados. Ayer explotó el bando derecho. Lahm, Özil y Müller encontraron una sincronía que desembocó en los cuatro goles teutones. Esperando, siempre al acecho, estaba Klose, tan eficaz que se pone a cuatro de Ronaldo.
Lució Alemania implacable, sin conceder armisticios, y para hacerlo utilizó el que quizá sea el recurso más simple: llegar a meta en el menor tiempo posible. Fútbol vertical. Australia no mostró respuesta, habrá que esperar un equipo más cuajado para medir el alcance del juego alemán. Pero ayer dio noticia, ha renunciado al músculo para presentar un juego relámpago de cazador de oso, así sean los dos polacos que tiene al frente quienes resuelvan.

sábado, 12 de junio de 2010

Calamity Green


Lo había presentido Capello. La mente sagaz del ténico italiano había detectado desde hace rato la inoperancia de los arqueros ingleses. Cansado de buscar titular en la liga Premier, y quisquilloso extremista en formar sus equipos a partir del meta, lo anduvo buscando en las otras divisiones inglesas. Pero parece que el puesto es agónico en la isla. Capello no encontró el sucesor de Banks. Hoy Inglaterra se tuvo que tragar un empate por un error espantoso de la calamidad Green.
Mejor no podía empezar el cuadro inglés, encontrando un gol en las piernas de Gerard; una pared vistosa y efectiva con Heskey posicionó al del Liverpool frente a Howard, definió como él sabe, tocando apenas la pelota, desviándola nada más del alcance del meta estadounidense. Y parecía que los ingleses se encaminaban a una victoria cómoda. Lennon mantuvo siempre la amenaza por derecha, Rooney aguardando una, Gerard apareciendo por todas partes, Lampard multiplicándose en el medio campo; pero en unas veces era la precipitación inglesa y en otras la opotuna salida de Howard. Inglaterra no conseguía aumentar la ventaja. Y eso, frente a los gringos, significa dejarlos vivir y prestarles espadas para su defensa. El equipo americano gira en torno a las piernas de Donovan, tan altivo como incansable. El diez estadounidense se planta en terrenos oportunos y no se esconde, se le ponga en frente a cualquiera. En un centro al área, Donovan le regaló una opción a Altidore. El ariete la desperdició. Donovan se mantuvo constante, ayudando a recuperar la bola, lanzando latigazos a la velocidad de Altidore. Pero fue Dempsey quien alcanzó el empate, donde menos se esperaba para los americanos; pero donde Capello suponía su tendón de Aquiles. Un disparo lejano de Dempsey, tras eliminar a Gerard, llegó sin nada a las manos de Green: el jabulami botó antes y el meta le perdió la vista, lo esperaba arrodillado ya, con las dos manos, pero el balón lo fildeó pésimo y se fue a las redes. Capello se lamentó, dando la espalda. Estados Unidos alcanzaba la igualdad de manera fortuita.
El partdo se resolvió en una cosa de músculos y carreras de bisontes, lo que mejor saben hacer ambos. Inglaterra volvió a perdonar; Estados Unidos casi anota con Altidore. Capello mandó con todo, hasta con la torre Crouch. No hubo nada. Es evidente que esta Inglaterra es débil en las dos áreas. En los tres palos es un desastre; en la delantera no encuentra el socio de Rooney.

Messi lo busca; Enyeama se lo niega


Catorce años después estaba otra vez Nigeria. Quizá no con la frescura e irreverencia de entonces; pero sí con los mismos muslos y las mismas ganas de derrotar a Maradona. La idea romántica de la vuelta a los inicios, esas casualidades que tiene la vida de volver comparables a dos hombres, de hacerlos casi calca a manera diacrónica, parece ya abandonada con la idea que manejaron los historiadores de la línea quebrada: la vida no es un círculo que va y regresa, sino una partida a ciegas, con alzas y bajas contradictorias. Pero al observar a Argentina y a su número diez, parece que las piernas de Maradona se rebobinan en las más veloces y quizá imparables de Messi. Argentina no se encuentra, como no lo hizo en la eliminatoria, como tampoco en aquella del 85, y estuvo a nada de quedar eliminada por la enjundia peruana, al igual que en el 85, pero parece que el chico tímido que busca siempre la manera de divertirse en la yerba, ha comprendido que sin él, lo mismo que hizo Maradona en el 85, el equipo argentino engrosa la fila de los equipos pretorianos.
Hoy Messi pidió la pelota, hartado de recibir la eterna crítica de no rendir en la albiceleste lo mismo que hace con la azulgrana y soltado por Maradona donde le plazca, e intentó el gol por todas formas, hasta en las que él nada más puede hacer; pero en todas apareció Enyeama. El meta nigeriano tapó todo, a contramano, en ras de suelo, en las horquillas, en las frontales, en duelos frente a la amargura de Huguaín, en los tiros sobrehumanos de Messi. Mantuvo en la pelea a una Nigeria que apostó todo a la velocidad de Obasi y Obinna, y a la zancada de Martins después, a pesar de que su defensa lo ponía constantemente en duelos definitorios.
Cuando Verón se cansó, dejó todo en las piernas de Mascherano. Maradona reaccionó tarde, le dio demasiadas oportunidades a una Nigeria irrespetuosa que si no logró el empate fue porque el bote del jabulami traicionó a Uche. El equipo africano siguió empujando, hasta que Argentina decidió enfriar el partido. Eso sí lo sabe hacer, arropa a Messi como la guardia pretoriana para que el chico tenga tiempo de inventar. Lo otro, lo que la ha llevado a los altares, está aún por verse. Hoy Messi lo intentó, pero no surgió el fútbol armónico. Lo tendrá que seguir intentando él solo, porque esta Argentina de pretorianos se preocupa más por ganar con empuje. Así lo resolvió hoy Heinze.

viernes, 11 de junio de 2010

México empata con el más fácil


La consigna sigue: de nada sirve dominar y hacer ver mal al rival, por más anfitrión que sea y vuvuzelas truene a los aires, si no se manifiesta tal dominio en goles. México dominó a placer en el primer tiempo a una Sudáfrica contemplativa, tiesa y terriblemente inocente en defensa; pero no le marcó gol. La dejó vivir para que Parreira, el reponsable del abandono del jogo bonito brasileño, le viniera a recordar en el medio tiempo que una oportunidad como la que estaban dejando ir estos surafricanos no la iban a tener otra vez en su vida, por más que surgieran nuevas explosiones mandelinas. Entonces los bafana-bafana se atrevieron a mostrar algo, una tímida aproximación apenas de Pienaar, el único que exhibió cara en el primer tiempo, y cuando vieron que los verdes, hoy negros, eran vulnerables tanto más como ellos en defensa, decidieron aprovechar los amplios callejones que trazaron Osorio y Rodríguez para inaugurar la feria de goles del mundial y desatar la fiesta surafricana.
Pero qué inocente es aún su juego. En un centro insulso, quizá el más flojo que haya sacado Guardado en su ascendente carrera, México encontró el empate en las piernas de Márquez, culpable en el gol surafricano, y convirtió el último tramo del partido en un asunto de carreras locas, donde Mphela, al chocar un balón a la base del poste, estuvo a nada de plasmar una victoria local. Al final, un empate insípido que no deja contento a nadie; un empate que muy probablemente signifique la eliminación pronta de ambos equipos.
No apostó Aguirre al arma que venía mostrando México en los partidos previos. La explosión de sus delanteros se vio mermada con la inclusión de Franco, que con dos mundiales en sus espaldas no justifica aún su presencia en el tricolor. Aguirre desaprovechó las facilidades risibles que mostró la defensa surafricana; Thwala lo invitó todo el tiempo a desbordarlo, pero el Vasco no se decidió por Barrera o Medina; apostó todo, cuando la cosa se ponía fea tras el soberbio gol de Tshabalala, un contragolpe pefecto rematado a la horquilla del palo izquierdo del Conejo, a las cansadas piernas de Cuauhtémoc. Le alcanzó para el empate, más por circunstancia que por buen fútbol, pero quedó la sensación de no haber abrazado la totalidad de las armas: Hernández entró tarde; Guardado a corroborar su justificada exclusión del once inicial; Blanco a pelearse con el jabulami.
Este balón no bota, brinca como si trajera pértiga. No hubo uno sólo de los bastantes cambios de juego que intentó México que saliera fructífero. Siempre fueron techados los receptores por el bote bravo e ilógico del jabulami. La bola no ayudó tampoco a Giovani, manejador del primer tiempo, por más que el chico apuntara presto remate a los dos minutos tras infantil error de Khune, y mandara dos vistosos zapatazos que amenazaron con alcanzar la horquilla.
Hoy se vio de nueva cuenta que no pueden jugar juntos Blanco y Giovani. El del Galatasaray se encorva cuando ve al jorobado en la cancha, no se atreve a pedir la bola, sabe que México juega en favor del 10. Lo que no entiende es que su función es permanecer pegado a la raya de cal, donde puede sorprender con diagonales.
El saldo arroja la no graduación de los "europeos". México ha desperdiciado su comodín. Le toca ahora enfrentar a los toros cebúes con un mundo de incertidumbres encima.