Los colores verde y blanco no le sientan bien a los bleus. Ayer lo sufrió de nueva cuenta ante una pundonorosa Irlanda que estuvo a nada de llevarse el último pase europeo al Mundial. Una mano flagrante de Henry le quitó el sueño. La consecuencia: millones de espectadores en todo el mundo reclaman la repetición del partido. Por dignidad, por el fair play tan promovido, la FIFA debe hacerlo, de lo contrario transmitirá el mensaje de que lo que vale es el resultado y no el cómo se logre, de que las trampas también son un armamento requerido.
La Francia sufrió ayer aletargada quizá por el resultado favorable que consiguió en la ida. Apenas a los 33 minutos Keane ponía, tras un desborde de Duff, las cosas iguales. Excelente jugada de los irlandeses que trajeron sobre el Saint-Denis los mismos fantasmas que se soltaron en la eliminatoria para E.U. 94. Entonces era la Bulgaria de Stoichkov, vestía de verde y blanco, un gol del peloncito Letchkov dejó a los bleus fuera del mundial. Bulgaria llegaría a EU para declararse caballo negro de la contienda. De eso se acordó Francia ayer; se le vio maniatada, imprecisa, sin ideas de juego; un miedo que venía de las gradas luego del gol de Keane se fue apoderando de los franceses y los fue trabando. Apenas se veía Anelka, Diarra, Gourcuff y Henry tropezaban. Un juego soso francés que le dio varias chances a Keane, que en esas veces no resultó fino. Con el partido hueco y Benzemá en la banca y Ribery ausente, se vinieron los tiempos extras. Todo presagiaba la definición por penales, demasiada tensión quizá para un campeón del mundo.
Entonces apareció la trampa de Henry, que será recordado para la posteridad por ese acto igual que por sus cualidades futbolísticas. Un cobro de falta ya casi al término del primer tiempo extra fue mandado por Evra hasta el área, la acción debió quedar anulada por fuera de lugar, pero siguió por obra y gracia del espíritu santo y el balón se iba; de pronto Henry se acordó que alguna vez quizo ser voleibolista y dominó dos veces con la mano y luego centró, ahí apareció Gallas para empujar la pelota al fondo. Los irlandeses protestaban, se encaraban al árbitro; el juez quedó impasible. La indignación sobrevino. La tecnología pide a gritos entrar al fútbol.
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Me simpatizan tus crónicas deportivas. No tuve la oportunidad de felicitarte en persona por ese éxito tan grande que estás viviendo pero en definitiva me dio mucho gusto cuando me enteré por Marina. Espero que lo estés pasando en grande y generes experiencias maravillosas.
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