lunes, 25 de enero de 2010

Zepeda ilusiona a la Fiel

El primero de noviembre de 2008 se jugaba en el Tres de Marzo, un estadio al que no va nadie, un Tecos- América. Ese día se reportó buena entrada, por la afición que tienen las águilas en Guadalajara. Entre esa gente estaban dos exfutbolistas, jóvenes aún para haber abandonado el fútbol. Miguel Zepeda y David el Magic Mendoza. Ambos surgidos de la inagotable cantera rojinegra. Zepeda tuvo sus momentos de gloria en aquel Atlas de Lavolpe, y hasta alcanzó a levantar la Copa Confederaciones con México, único torneo de peso ganado por nuestro fútbol, ante un Brasil que apuntaba ya a Ronaldinho. Mendoza fue más discreto, su irregularidad lo llevó a pasearse por una lista amplia de equipos. La negligencia de los dos los había llevado a no ser considerados por ningún equipo. Eso no les importaba, ellos salían a divertirse gozando sus antiguos sueldos. Cuando terminó el partido cruzaron la avenida que separa al estadio del estacionamiento de una plaza comercial. Abordaron una camioneta Lan Rover. Entonces un tipo los alcanzó, sacó un arma y soltó cinco balazos al vehículo. Tres impactaron en Mendoza, Zepeda salió ileso. El Magic murió instantáneamente.
El suceso impactó a Zepeda, que anduvo deambulando y desperdiciando ofertas. Hasta que se enteró del regreso de Lavolpe al Atlas de sus amores. El primer torneo resultó un fiasco. Su falta evidente de ritmo lo destinó muchos minutos a la banca, y cuando Lavolpe se dio cuenta que ni Vargas ni alguno de sus delanteros, a excepción de Osorno, anotaría un gol, lo habilitó de centro delantero. No le fue nada bien. Terminado en desastre el segundo período lavolpista, la directiva volteó la cara a Argentina. De allá se trajo otro entrenador, que también gozó de las mieles de dirigir a Boca, aunque éste con mucha más fortuna. Ischia habilitó a Zepeda en la misma posición. El sábado el viejito se mandó tres goles. Zepeda no anotaba en primera división desde 2005.
La Fiel, una especie de camaradería maldecida (su equipo no gana nada desde 1951), se ha regocijado de nuevo. Ha encontrado a un Botinelli soberbio, tranquilo, sereno, rebasado ya su bronca con Lavolpe. Y a través de sus piernas el Atlas tumbó el sábado al campeón en el Jalisco. A través de sus piernas y de la contundencia de Zepeda. Miguel hizo dos goles de cabeza, apareciendo justo a cerrar dos centros que techaron a toda la defensa regia. Pero el primero, el que le valió la noche, lo hizo con las tripas. Una habilitación de Pacheco la medio controla con la cabeza y encarrera tras de Basanta. El defensa tenía todas las ventajas, pero el hambre del atlista es mucha como para dar concesiones. Forjó el cuerpo a cuerpo y terminó ganando a un Basanta que acabó en la yerba. Solo frente a Orozco pateó suave a su derecha. Al término del juego, luego de los tres goles a un Monterrey que olvidó su etiqueta de campeón, Zepeda soltó su rabia, esa que venía conteniendo desde aquel suceso de 2008. El juego fue para el Magic.

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