lunes, 24 de mayo de 2010

Capo cannoniere Milito


Al final no bastó Robben. El extremo se tiró a su banda, pegado a la raya de cal, y desde ahí cargó con el München. Chivu nunca lo vio; pero por más que el holandés escapara del rumano, en ocasiones haciéndolo ver terriblemente mal, no iba a encontrar un socio del otro lado. Con Ribéry suspendido, Van Gaal le cargó todo al holandés. Eso no incomodó a Robben; pero ni Altintop ni Olic supieron emular los movimientos de Ribéry. Solo, rodeado de piernas interistas, Robben no pudo superar la doble marca. Escapó una vez, en diagonal, y mandó su disparo al palo lejano, pero ahí estaba Julio César; escapó otra vez, metiéndose entre los músculos de Maicon, pero su centro se ahogó en un pase débil. Las torres que puso el Bayern al final, cuando los de Mourinho ya tenían decidido el juego, jamás fueron abastecidas. Ni un sólo centro por arriba. Poco amague para este Inter. Si Mourinho fue capaz de aguantar la baraja ofensiva del Barça, lo del München le resultó cosa de risa.
Dijo Van Gaal que la cosa se iba a resolver por un error-acierto. Robben llevó el partido a la banda, tuvo la pelota todas las veces, despedazó la defensa izquierda del Inter, pero nunca logró inquietar a Julio César. Sneijder, el otro holandés, reclamaba también rol protagónico. Dos disparos lejanos bastaron para probar que Butt no venía del todo fino. Este Bayern, asustado por una especie de desgracia que le sucede a Rummenige, su presidente, cada que tiene que definir cosas en el Bernabéu, mostró todo el tiempo ausencia de templanza. Era Lamh sin atreverse a cruzar su propio campo, era Van Bommel dismunuido por Cambiasso, era Van Buyten exhibiendo una lentitud imperdonable. Y todo apuntaba a que el juego se resolvía como había anticipado Van Gaal, hasta que Julio César tomó la bola y realizó un despeje. El balón le cayó a Milito y se apoyó con Etoo, éste le dovolvió la pared y dejó al argentino frente a Butt. Fue el primero. El Inter no necesitaría más.
Sin embargo, Milito tiene un hambre inconcebible. Se ha pasado toda su vida perfeccionando el arte de meter goles. En una recuperación en media cancha, los interistas desdoblaron. Fue otra vez Milito y Etoo, y parecía que el argentino le devolvía el favor al camerunés. No lo hizo, encaró a Van Buyten y le torció la cintura en un recorte por dentro, ni siquiera se volvió a mirar a Etoo, que entraba solo, disparó con la parte interna al palo más alejado de Butt. Estaba todo sentenciado. El Bayern no aspiraría a horadar la defensa de Mourinho. El Inter, sostenido por su capitán Zanetti, levantaba otra vez la orejona, cuarenta y cinco años después.

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