domingo, 2 de mayo de 2010

Tiempo de manos flacas

El Guadalajara sorprendió a media semana al endilgarle tres goles al Velez en la Libertadores. Sorprendió por el tamaño del rival y por el fútbol miserable que venía desarrollando el rebaño en la liga local luego de la partida de los mundialistas. Fue un triunfo que vino a dar confianza para afrontar la fase final del Bicentenario. Pero enfrente estaba el Morelia, el mismo que recién lo ridiculizó en el Jalisco. Se esperaba poca cosa de estas Chivas, y si por un momento los de Real se supieron acomodar en el Morelos de tal forma que maniataron a los locales, las manos de Liborio vinieron a poner sobre la yerba el fútbol de cada cual. Se encarriló el Morelia al encontrar raquítica defensa en los guantes del meta; se desmotivó el Guadalajara y terminó pagando el atrevimiento de jugar dos torneos con chavos de cantera. Ahí donde los juegos no se ganan con aventuras y carreras, en las fases definitivas, las Chivas lamentaron la ausencia de serenidad y templanza.
El empuje rojiblanco puede desembocar en jugadas serias; pero la calma, la visión de juego, el conocimiento de parar la bola en el momento adecuado, es algo que se aprende en el campo, a fuerza de capotazos.
Ayer no ayudó Liborio, cumplidor hasta entonces. Un tiro espantoso de Cabrera, quizá el disparo más fácil de los que le habían hecho, decidió Liborio convertirlo en gol. Allí se apagó la bienaventuranza de la media semana; allí se apagó la confianza en los guantes del chico, para él mismo incluso.
El Guadalajara encontró dos goles que nunca buscó, que más regaló el Morelia por su juego torpe. Bravo, que parece que se anima a cargar el peso, hizo el segundo; el espigado Enríquez había convertido primero, en un gol hecho con las tripas, resuelto con un zurdazo a la horquilla derecha de Muñoz. Pero ahí faltó el temple. Primero Arellano, que nunca saltará la tranca de ser considerado buen prospecto, miró la roja en una entrada absurda. Después el miedo, en estos precipitados jugadores chivas que no aprenden aún manejar el juego. Luego Liborio, otra vez, cometiendo el mismo error, aventando la bola a las redes tras recibir mal, exhibiendo un nerviosismo espantoso que nunca lo abandonó.
Allí se acabó el juego, Real decidió renunciar a todo y esperar la vuelta. Morelia no supo aprovechar el miedo terrible de las arañadas Chivas.

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