El Puebla llegó al Jalisco como animal al matadero, como casi siempre, y como casi siempre se levantó de la lona, montó partido y arrinconó a un Guadalajara que terminó por primera vez pidiendo la hora. Juego enorme para los del Chelís, que en todo momento merecieron más, y que alcanzaron el empate a cinco del final y les fue anulado, porque el sábado no podían salir con puntos del Jalisco. Estaba en la mesa un récord inédito.
El Puebla ha alcanzado un juego que emociona, que casi enamora. Ha llegado al imaginario colectivo a base no de un fútbol vistoso, sino luchón, de entrega, de meras tripas en el momento en que se deben de poner. Hay equipos así y nuestro fútbol, que no aspira a más, los produce a montones. Ahí quedan en el recuerdo el Morelia del Fantasma, o el León de Misael, o el Celaya de Butragueño. Equipos huérfanos de títulos, pero que alcanzaron algo quizá más importante, la simpatía del aficionado. Lo más seguro es que este Puebla del Chelís nunca ganará nada. Eso, sin embargo, es secundario. El equipo tiene desde hace rato un lugar seguro en las nostalgias futbolísticas.
Es de admirar el ojo clínico del Chelís para reciclar jugadores y darles terceras y cuartas oportunidades. Las huestes a las órdenes de Solá saben que no tendrán otro chance y salen a partirse el alma. El último descubrimiento se llama Hércules Gómez, un chico que anduvo deambulando en la MLS. El sábado anotó abajo de Michel tras recibir un pase que hizo una avenida en la dfensa chiva. Fue el del empate parcial, el que devolvía al Puebla al partido tras el mazazo inicial que les había provocado el primer gol de Bautista. El Bofo volvió a festejar en el redil. En el torneo pasado, cuando jaguares visitó a chivas, el Flaco Tena separó a Bautista de la concentración y lo mandó a la tribuna alegando indisciplina. El Guadalajara ganó ese partido un gol a cero. Nadie en el estadio celebró el gol chiva como el Bofo. Tena ya no lo requirió más. El largo coqueteo Vergara-Bautista estaba por concretarse.
El sábado Adolfo se mandó un gol de bandera. Dejó en la yerba a Mondragón con un recorte y levantó un globito con la izquierda que humilló la salida de Villalpando. Mondragón es el defensa más torpe que ha enfrentado Bautista, hizo lo que le dio la gana con él. En una jugada previa al segundo gol chiva Bautista le reventó el esférico en la cara y lo obligó a salir del partido. Aprovechando la ausencia, el Bofo llegó solo a cerrar un centro de Medina. Ante el desconcierto poblano Báez dio gracias para anotar el tercero. Y parecía que el partido se tornaba rojiblanco; pero un zapatazo de Palau obligó a las chivas a tomar precauciones. El Puebla se adueñó del encuentro entonces y el empate llegó. El séptimo triunfo, sin embargo, era ineluctable. Medrano anuló el gol de Rincón y las plumas anotaron entonces el día en que las chivas lograron hacerle un guiño a la historia: siete juegos, siete triunfos.
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