lunes, 19 de abril de 2010

El desgarbado Alférez

La limpia de Ischia en Colomos y los deslices tácticos de Real convirtieron a la guerra civil, el último clásico que juega Chivas como local en el Jalisco, en un asunto de guardería. Veintiún años era el promedio de edad el sábado en el clásico. Y sólo Galindo desentonaba en la producción casera. Los otros veintiuno eran gente de las fuerzas básicas, sin duda, las dos mejores escuelas que trabajan con jóvenes en nuestro país.
Pero a la intrepidez y la dinámica juvenil de ambos le faltó la cadencia de los jugadores hechos. El balón rodó en media cancha, en un ir y venir intenso. De repente semejaba un partido de barrio, donde todos corren tras la pelota, olvidando que cada jugador tiene obligaciones tácticas. Faltó el hombre que pusiera la pausa en los dos; se entiende parar la bola, no la jugada, para abrir el abanico de opciones. Atlas lo borroneó por ser argentino; Real ya no lo tiene. Y el juego se resolvió de la única forma posible, a carrera loca. Ahí fue donde sacó partida el Atlas; el desgarbado Alférez aprovechó la novatez de Esparza la primera vez, y la lentitud de Reynoso en la segunda. Esparza pudo dar un paso adelante y dejar inhabilitado a Alférez, pero el entusiasmo se lo comió y decidió jugar a las carreras con el atlista. No pudo pararlo. A pesar de su cuerpo tosco, Alférez esconde destreza y velocidad. Tiene además una técnica de control de pelota notoria, con cualquier parte de su cuerpo; el pecho lo utiliza como esponja para acomodarse la bola en el espacio y momento justo. Ya van varios juegos donde también muestra definición. En la semana fue el único chico en Colomos que se atrevió a exhibir la debilidad del rebaño. "Habrá que probar al portero", dijo. Y tuvo razón. La vara que les dejó Michel a los arqueros Chivas (uno ya liquidado) es muy alta. Liborio demostró buenas cosas, el tiempo le enseñará a dar unos pasos delante para cerrar el ángulo de disparo. Los dos goles que le empinó Alférez pudieron ser desviados por sus guantes si hubiera anticipado la jugada; la lectura del juego es cosa que también se aprende ya en la yerba.
Partido de gran dinámica aunque poco pensado. Real se guardó a Bravo y Araujo y le puso más leña al correteo juvenil. Donde los juegos se ganan con el amor propio demostró el Atlas mayor oficio, a pesar de haber saltado a la cancha con rostros imberbes. Supo manejar la pronta expulsión de Jiménez y liquidar el juego con su único punta. Así son las ganas que se trae Alférez, que el año pasado estuvo a punto de perder el ojo tras una patada y el antepasado a punto de morirse de hambre tras jugar sin cobrar en Dorados.
Ha demostrado Real pocas cosas tras la salida de los seleccionados. Parece que el rebaño se desinfla.

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