Hay futbolistas de empuje, pundonorosos, de escasa técnica, futbolistas que normalmente pasan desapercibidos en el partido porque precisamente esa es su función; se encargan de hacer la cosa más fea que hay en el juego: la interrupción de jugadas, el corte. Y hay otro tipo de jugadores, los que burlan, los que constantemente lastiman, perforan defensas y tácticas, los dotados de técnica, los que saben con el balón en los pies. Y de allí hay otro tipo que envuelve de los dos anteriores, que poseen armas de doble filo y son valiosos y halagados y hasta abundantes, si se quiere. Pero una cuarta categoría es muy escasa. A esos se les nombra cracks. Son futbolistas dotados de una técnica abrumadora, de una inteligencia claramente superior, de un entendimiento del juego en su expresión máxima y de una mentalidad ganadora suprema. Maradona es el prototipo de este tipo de jugadores; pero Pelé, Cruyff, Di Stéfano, Zidane y algunos otros no le pidieron nada. Hoy el hombre es un portugués de 24 años que responde al nombre de Cristiano Ronaldo Aveiro Dos Santos. Es el futbolista total, el que encarna al prototipo del siglo XXI. Quizá Zidane nunca aprendió a rematar con la cabeza, Pelé no tuvo el toque fino en los tiros libres, Maradona no poseyó jamás la disciplina y CruyfF no acertó en su hambre de triunfo. Ronaldo lo posee todo, es velocista puro, tiene talento de sobra, es eficaz en el juego de fantasía, extremadamente hábil con el balón y tal parece que los momentos bravos lo motivan. Ayer lo demostró en Marsella.
Herido por el abrupto que cometió el fin de semana en Almería llegó decidido a reivindicarse. Sólo le bastaron cinco minutos. A una falta de Cissé el portugués colocó la bola con una tranquilidad endemoniada, como si ya supiera el destino de su disparo. El Velódromo casi si lo comía; le increpaba, le insultaba; y a eso respondió Ronaldo con un fusil a las redes. El portugués recibía las injurias de las gradas y se inflaba, se enaltecía; en cuanto más se le provoca mayor es su deseo de revancha. Un gol que sacó su furia y que silenció al estadio. El partido que le siguió fue igual de imponente. El Marsella encontró respuesta en las piernas de Lucho, pero él mismo se encargó de enterrar la hombrada cuando estrelló un penalty en el larguero. Entonces Ronaldo decidió que ese era su partido y llevó al Madrid a octavos. Firme en su grupo, firme en su paso cuando el portugués está en la cancha, tal parece que el Madrid se prepara a disputar la primera final de champions en su estadio. Así lo ha sentenciado ya el portugués.
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