Minuto tres. Humberto Suazo coloca el balón en el tiro de esquina, da unos pasos hacia atrás, lleva sus manos a la cintura sintiéndose guapo, espera el close off de la cámara y chuta. La bola es mal pateada, toma una altura nada cómoda a los delanteros. Es balón del arquero: lleva una comba propicia y cae en el límite del área chica. Pero Corona no sale, se queda inerme cuando Villa, cerrando los ojos y como no queriendo, empuja el esférico a la red. El Tecnológico aún no se acomodaba cuando de forma imprevista se vio en ventaja. Entonces se presagió la goleada, demasiada concesión para un Monterrey que venía enchufado, jugando un fútbol productivo y hasta vistoso, si se quiere.
En la banca de al lado, sin embargo, estaba un hombre acostumbrado a ganar. Meza se dio cuenta de la ventaja que representaba la alineación de Arellano, la de un improvisado Baloy, y decidió copar el medio campo de la mano de su estandarte Torrado. Cruz Azul neutralizó entonces el juego y le respondió a Vucetich con la misma moneda. Dos veces, con el mismo jugador. Riveros apareció cuatro minutos después de verse en desventaja para conectar un centro de Lozano y emparejar los cartones. Diez minutos después daba ventaja al Azul. La misma fórmula. El mismo error. Orozco hizo lo mismo se Corona, se quedó sumido en su área, casi amarrado, y fue fusilado en dos ocasiones seguidas. Mal de muchos, dicen por ahí; si de algo carece la escuela de porteros mexicana es de su valentía a salir de su área, les espanta. (Oswaldo permitió el empate de Argentina en el mundial pasado; Campos no supo qué hacer ante el gigante Flo en el 94; Ochoa tira su prestigio, que es bastante, cuando se queda tieso en su área). Ayer lo enmarcaron Orozco y Corona. Pero las cosas no quedaban ahí, si algo sabe este Azul es tomar ventajas en los momentos clave. Villa apareció en el acto para lavar su autogol inicial y aumentar la ventaja en un balón que quedó muerto gracias a otra pifia de Orozco. Entonces la goleada se presagió al revés. Monterrey no acertaba a salir de su atolondramiento. Terco a salir con balón controlado, nunca entendió que a terreno mojado bola larga. Cruz Azul aprovechaba cada yerro para mandar centros al área, la misma receta, el mismo pavor regio. El Azul seguiría atacando así hasta que se lo aprendiera la defensa contraria.
Y el Monterrey lo detectó quizá demasiado tarde. Se tuvo que esperar al segundo tiempo para que se viera la mano del otro técnico, igual de ganador, igual de inteligente. Vucetich ingresa a Severo en su posición natural y el chico a dos minutos en la yerba le responde. Desbordó por su banda, comodísimo, mandó una diagonal que se tragaron todos y ahí apareció Suazo, muy quitado de la pena. El chileno empalmó el balón como los dioses y surgió entonces la esperanza de la remontada regia. El otro cambio de Vucetich no tardó tampoco en hacerse notar. El espigado Santana apareció en el área chica, Corona amarrado otra vez, para cabecear una bola deliciosa; jugada perfecta por toda su elaboración, jugada iniciada por el mismo Santana, desborde precioso del motivado Severo, empate justo en un duelo que ya entonces exigía la atención máxima.
Era la final soñada. La emoción al borde del infarto. Las gargantas del Tecnológico empujaban al siguiente gol. Y lo tuvo el hombre favorito de los dioses. Era el sello perfecto; pero De Nigris erró su cabezazo a la derecha de un Corona que de nueva cuenta se quedó atorado en su área.
Todo presagiaba empate. Faltaban sólo tres minutos. Entonces apareció Osvaldito. El paraguayo, olvidado en la banca de inicio, vino a darle la enjundia a un Monterrey que ya entonces entendía que lo que se jugaba era una final. Habilitado por De Nigris, quedó solo frente a Corona, su recepción fue mala, pero el empuje, las ganas de gritarle a Vucetich su error de dejarlo en la banca, lo llevaron a chocar con el arquero y quitarle un balón que nunca estuvo en sus manos. Enésimo error del meta. Y ahí apareció el oportunísimo Suazo. El Tecnológico explotó. La remontada estaba consumada.
Fue un partido hermoso. Hermoso por su alta dosis de tensión y por su emotividad suprema. Gaso pitó cuando Osvaldito pateó un balón de bolea dentro del área y Brown apareció salvador en la raya, en una pirueta dignísima. Los rayados llegarán al Azul con una ventaja que amenazan conservar. Pero el Azul sacó sus tres goles, demasiados quizás para un fútbol que no cautiva.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario