Algo le pasa al Toluca en liguillas, al menos en las dos últimas. Ha echado por la borda dos lideratos, con la ventaja que eso representa en el formato de competencia, y se ha tirado a la holgazanería, esperanzado en las piernas de un Sinha que por momentos da atisbos de arrugarse en los buenos momentos. Un juego hasta previsible, donde sus medias puntas son copados y los balones nunca le llegan a Mancilla, y los que le llegan inusualmente los desperdicia, le han provocado dos eliminaciones seguidas ante equipos claramente inferiores en el papel. Primero fue aquel Juárez y su historia romántica; ayer el Monterrey de Vucetich lo envolvió en una mordaza de donde nunca pudo salir. Ni siquiera la alineación forzada de Nava y la inclusión en el transcurso de toda la batería roja, hizo que su juego fuera fluido ante unos rayados oportunos, bien parados, atentos y proclives, por su enorme caudal que encierra en sus delanteros, a herir continuamente; la defensa toluqueña extrañó ayer como nunca a Da Silva. Dos goles en seis partidos de liguilla es inusual para la delantera mexiquense. ¿Acaso el Toluca se tira a la hamaca esperanzado en el pundonor y el empuje del Nemesio Díez? ¿Acaso los rojos están hartos de jugar finales y dejan mucho que desear en el ingenio que bien los caracteriza? Pero mientras los diablos se intentan explicar su sequía goleadora, esa falta de contundencia, los rayados aprovechan para alzar la mano y llegar a la final del Apertura 2009, donde ya le aguarda el Cruz Azul.
Ayer Vucetich midió hasta el berrinche de Suazo, salida que irónicamente permitió la ventaja rayada. Y aunque el Toluca logró poner parajo el duelo en la Bombonera nunca se vio capaz de remontar el marcador del Tecnológico. Premio en los goles para Carreño, que arrastra una serie de buena suerte, y para Brizuela en el empate, único efectivo rojo que pudo desbordar la defensa regia.
Alguna vez a Vucetich se le conoció como el rey Midas, cualquier cosa que tocaba la convertía en campeón. Ahora tiene en sus manos al que quizás sea el mejor equipo de los que tuvo. De Nigris mantiene un romance con el gol, ayudado quizá por la ausencia del hermano, de ese Tano al que su corazón le dijo ya no más; la muerte del que Aldo declarara su ídolo lo tiene tremendamente enchufado, y tal parece que su ensueño y su buen momento no va a parar hasta que logre el campeonato. Suazo posee un instinto asesino, es capaz de leer jugadas y anticiparse a sus rivales no importando si estos le superan en el físico,al parecer le ha aprendido mucho a Bielsa y el mundial lo tiene en su punto. Orozco se ha consolidado como un portero confiable y ha sido figura decisiva en el avance regio. Ayoví, Pérez, Martínez y el amuleto Carreño dan una solvencia a los regios que desde aquella época de Pasarella no mostraban, quitando algunos partidos con Lavolpe. Es, en sí, un equipo poderoso, favorito a coronarse sobre un Azul que no encuentra su buen juego.
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