Cruz Azul anotó ayer su nombre en la final del Apertura 2009. Lo hizo con suerte, favorecido por un Morelia que le jugó mejor y le superó en los casi 180 minutos, pero que fue incapaz de reflejarlo en goles. Suerte arrastra este Azul de Meza, hasta en las pifias arbitrales, que le han beneficiado de forma descarada. Primero en el duelo con la aguerrida Puebla, que los tuvo dos goles abajo, y que permitió la remontada gracias a un penal sacado de la manga. Ayer fue de nuevo un penal. Una mano flagrante de Huiqui, que en el suelo evitó un gol cantado y luego, como no queriendo, se hizo el muertito. Un penal inexistente para un absurdo Delgadillo que hasta se atrevió a marcar falta en contra. Pero el Morelia no desvaneció ante la pifia. En todo momento le plantó partido al Azul, que por ratos se vio impreciso, ineficaz y hasta timorato.
El buen juego de los monarcas, desarrollado por sus alas Droguet y Sandoval, quien pide a gritos una oportunidad en la verde, encontró recompensa a inicios del segundo tiempo, cuando un centro picado de Rey lo recogió Sabah y con un control dirigido pateó inalcanzable a la derecha de Corona. Gol justo; tardado quizá dado el tremendo domino monarca; y desconcierto celeste, desconcierto absoluto. Droguet tuvo en su pierna izquierda el 2-0 y cruzó demasiado para que su tiro pegara en la base del poste izquierdo de un Corona que ni la vio venir.
Entonces apareció el hombre que sabe. Meza realizó dos cambios oportunos y aprovechando la falla del chileno emparejó el marcador. Un centro del recién ingresado Castro, quien ha demostrado fuelle para duelos vitales aun sin experiencia en primera división, fue cabeceado por un Orozco que igual acababa de ingresar a la hierba y el balón se abrió victorioso abajo de Muñoz. Luego vino una desconcentración monarca, una falta innecesaria al filo del área puso a los de casa en una ventaja no merecida. El balón lo pateó Villa, tan peleado que estaba con el gol, y la pelota pasó debajo de la barrera, entre un ejército de piernas, y se fue directa a la colocación de Salazar bajo los tres postes, el defensa no acertó al despeje, tomado por sorpresa ante ese balón que pasó increíble ante tantos hombres, y se metió en las redes. Gol gritado por Villa, gol gritado por toda la afición azul que espera se termine el conjuro de tantos años sin título. Y ya no hubo respuesta monarca, si algo destaca este Azul de Meza es su sobriedad a la hora de manejar partidos. Ni las desplantes del aguerrido Boy en la banca de enfrente inmutaron a un Azul y a un Meza que le ganó por enésima vez la partida. Tan destacado ese duelo de bancas entre dos técnicos que ni se quieren, y tan resuelto por la elegancia y brillantez de un Meza que le volvió a dar una lección al irreverente Boy.
Se apunta el azul en la gloria, arrastra un fútbol que por momentos parece que no le alcanza, pero de igual manera arrastra una suerte que lo abandona en la última década, una suerte que le ha dejado en el camino dos finales perdidas. Ahí está el Azul, presto a festejar un campeonato añorado, con el regreso de un técnico que lo ha ganado todo y con la compenetración de unos jugadores que saben soportar los momentos bravos. Aquella patada de Comizzo da aires a repetirse.
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