miércoles, 16 de diciembre de 2009

Atlante-Barça, un juego dispar

El Barcelona llegó a Abu-Dhabi, sede del mundial de clubes, para llevarse un trofeo que le falta en su vitrina y sellar una temporada de ensueño. En su camino se topó al Atlante, el otrora equipo del pueblo mexicano. Ambos equipos azulgrana, ambos con un respeto tradicional al juego colectivo, a la pelota tratada, a la pelota cocida en los pies. Esto, sin embargo, lo desconoce el mundo. Sabe que el Barça está en un período de ensueño, pero desconoce que el Atlante tradicionalmente respeta la misma escuela y pugna por un fútbol vertical. Hoy no lo demostró. Salió espantado a jugar la semifinal del "mundialito" y cuando se dio cuenta ya tenía a Messi encima. Enorme juego del argentino, que brilla donde se le ponga, hasta en tierras extrañísimas, pero que tiene que estar envestido con la playera azulgrana; con la albiceleste se siente solo.
El partido lo empezó ganando el Atlante, casi saliendo del vestidor. Un despeje largo de Vilar encontró un bote en el área grande, donde Márquez y Puyol no acertaron despejar y llegó Rojas para tomar a Valdés a medio camino y poner un marcador de ensueño: el desconocido Atlante se atrevía a ponerse a las patadas con el hebreo Sansón. Y Atlante tuvo el dos-cero, pero a Navarro le ocurrió lo que le ocurre al futbolista mexicano cuando se enfrenta a la gloria, un pánico absurdo se apoderó de él cuando enfrentó a Valdés que hizo la jugada más ilógica. La deseperación del Profe fue justa. El regaño, más necesario que nunca.
La calma nunca abandonó al equipo español, dominador amplísimo del juego, y encontró los goles en los momentos justos. Un tiro de esquina peinado por Yayá se topó con los pies de Busquets, quien solo empujó para colocar la igualdad. El Barça siguió intentando, buscando herir una defensa que, rompiendo su tradición, se encerraba. ¿Por qué el Atlante no respetó su buen juego? Teniendo en sus manos la oportunidad de sus vidas los futbolistas mexicanos apelaron a un juego precautorio. ¡Qué desconocido se veía Solari topando huecos!¡Qué mediano se veía el siempre efectivo Bermúdez deambulando en la yerba! Los culés intentaron la remontada pero no fueron capaces de abrir la defensa mexicana.
Hasta que entró Messi. Y el argentino, con veinte segundos en el campo, hizo un gol de antología. Se metió como en su casa, hizo ver mal a Vilar y empujó suave a la red. Las cosas entonces parecieron normales, el Barça hizo ver muy mal el resto del juego a un Atlante que nunca se acomodó para soltar su juego, incluso después de la entrada de Pereyra. Era trazo tras trazo, llegada tras llegada, ibrahimovic tratando de hacer fútbol de fantasía y encontrando eco en los pies de Messi, en los de Alves, en los de Pedro. Una jugada soberbia de Iniesta, quien se metió en el área entre dos rivales y luego filtró a Pedro, terminó con la ilusión atlantista.
Fue un juego dispar, que coloca a ambos equipos en su real nivel. El fútbol mexicano está muy lejos de los grandes monstruos europeos.

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