El Lyon llegó hoy al Bernabéu para servir de escalada a la galaxia madridista. Era un obstáculo menor, apenas un leve borde en la colina que apostaba la décima. Pero los juegos hay que jugarlos. Espantado al inicio por la grada merengue y teniendo enfrente a la nómina más cara del fútbol mundial, el equipo francés logró sobreponerse a un incierto vendaval blanco y terminó por herirlo y relegarlo de Europa por sexta temporada consecutiva. Golpe contundente en Chamartín. Fracaso total a la segunda galaxia florentina.
¿Qué le pasó hoy al Madrid? ¿Dónde quedó la remontada épica del sábado contra el Sevilla? Tal parece que le ha tomado empacho a la champions, un torneo nacido para ir consecutivamente a las vitrinas blancas. Dónde quedaron las piernas de Kaká y de Cristiano, dos futbolistas que llegaron a Chamartín para alzar la décima y no para gestar ilusiones ante equipos locales. Tieso se vio el Madrid, impreciso y falto de ideas para aprovechar el miedo inicial francés. La historia merengue no exigía el relajamiento. Cuando a los seis minutos Guti levantó la cara y filtró a Cristiano y el portugués batió a Lloris por entre sus piernas, la historia reclamaba el segundo estocazo. Pero el Madrid quedó chato. Higuaín, que por razones extrañas casi no acierta en Europa, estrelló el segundo gol en el poste cuando ya había eludido al arquero francés. Fue un primer tiempo contenido por parte del Madrid, que se conformó con no prestarle la bola al Lyon y retrasar a Delgado y Govou como laterales, pendientes éstos más de las llegadas madridistas que de aventurar un ataque. Casillas se tiró la fiesta en el primer lapso. Pero el Madrid no remachó, fue perdiendo confianza ante la incapacidad de tejer el balón y el asunto se volvió un concierto de solistas. Ronaldo quería la bola, reclamaba airoso a Huguaín, cobraba todas las faltas, se enojaba y exhibía la corrosión de un Madrid al que ahora sólo le queda la Liga para salvar el barco. Ante la desesperación merengue, el Lyon fue entendiendo el juego, adelantando pasos hasta que volvió el partido en el segundo lapso un asunto de ida y vuelta. Ahí comenzó a asomar Delgado. Ahí husmeaba ya Lisandro. En una triangulación furiosa, Pjanic se plantó ante Casillas y golpeó de zurda. El Bernabéu tuvo que aceptar ser anfitrión de una copa que este año no irá a sus vitrinas.
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