domingo, 28 de marzo de 2010

Un gran Bautista reivindica a chivas

El Bofo quemó su último cartucho mundialista. Ante la gris exhibición que dio a media semana en Charlotte, respondió tomando la manivela del rebaño para disipar las dudas tapatías y colocarlo desde ahora como un firme candidato al título. Firme porque no se espera gran merma surafricana en el redil. Las tijeras de Aguirre apuntan hacia otros lados, no a Verde Valle. Bautista lo sabe, y ayer le mandó al Vasco un último intento.
En 2001 un chico de cabeza rasurada comenzó a despuntar con sus irreverencias en los entonces Tecos. Aguirre lo observó, lo midió y al final lo recortó de los 23. Eso caló profundo en la mente mordaz del rasurado. Bautista se peleó con Leaño y llegó a Morelia, dos subcampeonatos, y luego a Pachuca, donde sólo entró a jugar para darle una estrella a la bella airosa. Ahí lo vio Vergara. El siguiente ciclo mundialista lo enfrentó con el genio del bigotón Lavolpe, que no admite displicencias. El Bofo se tuvo que tragar un segundo recorte. Parece que Sudáfrica será su última opción. Esperanzado, a días de la lista, le propinó al Santos una muestra de lo que es capaz de hacer.
El Jalisco parece hecho a su medida. Acertó Real en la formación, la inclusión de Arellano en detrimento de Bravo, y en la del propio Bofo en lugar de Báez; la reaparición de Mejía le brindó al rebaño la plataforma mediante la cual se lanzó a la yugular de los de la laguna. A los cuarenta segundos ya ganaba por un autogol de Lacerda. Pero Santos es mucho equipo. Dos aciertos de Jiménez colocaron a las Chivas en el sendero del juego triste de sus últimos cotejos. Ahí fue cuando los dos aciertos de Real se hicieron notar. Arellano tomó el balón en tres cuartos y enfiló en diagonal, eludió a uno, a una barrida desesperada y sirvió a Hernández, éste le devolvió la pared y lo enfrentó a Oswaldo: primer gol de Arellano en casi un año. Después empezó el pleito de Oswaldo con la tribuna. El arquero provocó a la irreverente y ésta se solazó con la ayuda de Reynoso. En un penal, el rebaño colocó al defensa al cobro. Oswaldo lo encaró, le mostró su figura y su historia, lo insultó, le bailó en la raya de cal y ahí respondió Reynoso con un disparo seco. Un tres-dos que dejaba un sabor placentero y una sensación de batalla napoleónica.
En el segundo lapso el Guadalajara tuvo todo a su favor. Regaló la pelota y esperó el momento para desdoblar y liquidar el juego. Llegó pronto la opción. Hernández apareció para cerrar un servicio de Bautista y colocar el décimo en su cuenta. Hubo algunos intentos santistas. Pero la contundencia estaba del lado del rebaño. El Bofo se encargó de tomar la pelota y regalar el quinto y el sexto. Fue su último cartucho. Ahora sólo vive en la esperanza.

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