El Guadalajara se está enfrentando al esfume de la sorpresa. Pero más al destino predecible de su juego, es la incapacidad por llevarlo a cabo lo que pega en el redil. Las chivas han olvidado recurrir a la velocidad, su mejor arma, casi la única. Estas chivas locas de inicio de torneo se están estrellando sí ante la nula sorpresa, ante el paredón de dos líneas de cuatro que le vienen exponiendo los rivales desde que jaguares descubrió la fórmula, pero también -y es más- ante su raquítico fútbol. Un sólo gol en los últimos tres juegos es poca monta para la cacareada delantera rojiblanca. El saldo es producto directo de los escasos tiros a puerta que han hecho en sus últimos juegos. Para crearlos, además, se necesita sostenerlos a base la tenencia del balón, del despliegue de la bola entre los compañeros, cosa que también han olvidado, el Guadalajara ha sido incapaz de dar tres toques seguidos a la bola. Ante tal carencia el único recurso es el golpeteo veloz, el desdoble; pero si no se tiene el esférico igual es inasequible. Quizá el Guadalajara montó un espejismo victrorioso por la calidad pobre de los rivales en turno. Sufrió con Querétaro, por ejemplo, el mismo Querétaro al que el América le endilgó seis con la mano en la cintura. El único equipo que en verdad lo puso en predicamento en los primeros ocho juegos fue Estudiantes. Y ante él se mostró el mejor fútbol, unos quince minutos finales de apoteosis. Después prevaleció el resultado, las ansias por tirar a la basura un record tan viejo que a nadie le importaba.
El sábado el Monterrey aprovechó el anodadamiento del rebaño. El Guadalajara se murió de nada, trenzado en sus piernas circunspectas. Ha evidenciado incapacidad para reponerse a golpes iniciales fuera del jalisco. Ante el sopresivo gol de Zavala, tan sorpresivo que la defensa chiva lo dejó tirar sin escalonarlo, y un penal inocente de Magallón, inocente para el mismo árbitro, el rabaño sólo fue capaz de enarbolar un tímido gol de Hernández, el noveno, conseguido fortuitamente. Tan mal jugaron las chivas el sábado que el Monterrey jugó también basura, pero eso le bastó para relegar al chiverío de la cima del Bicentenario. Ahora vienen los juegos bravos. Santos en el umbral, quizá el equipo que mejor juega; América, Atlas, Cruz Azul en el horizonte. Sin seleccionados. ¿Cuatro? ¿Tres?
Hay catarro en Verde Valle.
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