
España está en semifinales. Para eso, tuvo que dominar su eterno horror a los cuartos. Cuando todo se ponía agónico, como contra Italia en la pasada eurocopa, apareció el guante de Casillas. El madridista se paró en medio de su meta a recomponer lo que Piqué estaba por echar a perder. Enfrente, en el punto penal, tenía a Cardozo, un delantero que no encandila. El paraguayo pateó a la izquierda, bajo, donde Casillas ya le esperaba. A partir de entonces, y sólo gracias a su capitán, la España de Del Bosque se acordó que sabía hacer cosas con la bola pegada a los pies.
Antes, Paraguay controló el juego, cortando los canales comunicativos españoles. Sin Senna, un contención que permitía a Aragonés mantener dos volantes ofensivos, España precisa de Busquets y Xabi Alonso para mantener el balón. Paraguay llenó de piernas el medio campo. Barreto y Riveros comenzaron a encontrar a Valdez, aunque no de forma continua. En una de ellas, sin embargo, el delantero se fabricó un gol. Batres decidió anularlo, alegando fuera de juego. España salía ilesa de su temblorina inicial. Con un Iniesta extraviado y un Torres extendiendo su campaña raquítica en el Liverpool, los de Del Bosque no lograban inquietar a Villar. Apenas Piqué y Puyol montaban barricadas para defender los empellones de Valdez. El juego se volvía demasiado cómodo para los suramericanos; en su hábitat, dejaban transcurrir el tiempo sin preocuparse demasiado en ofender. Así encontraron, casi sin buscarlo, un penal a favor. Piqué se colgó de la mano de Cardozo, como si se tratara de lucha olímpica, y éste decidió cobrar la afrenta. Casillas, el castellano, le iba a negar la gloria.
Casi de inmediato, Batres emparejó las cosas. Un penal sobre Villa, que sólo él vio, decidió convertirlo en un zafarrancho. Cobró Xabi Alonso y acertó, pero tuvo que repetirlo. Entonces paró Villar. La jugada posterior arrojó otro penal sobre Cesç que Batres, emocionado por la parada del meta, se negó a marcar. En unos minutos, el partido daba señales de arritmia.
Aprovechando la efusividad guaraní, a diez del final, Iniesta tomó el balón para no soltarlo. Se metió como bisturí, haciendo un tajo en la defensa paraguaya, y sirvió a la llegada de Pedro. Éste pateó al palo y ahí, esperando la piñata, estaba Villa. El tiro volvió a pegar en el poste y recorrió la línea para golpear al otro y meterse. Santa Cruz tuvo el empate, pero Casillas, el castellano, se mantuvo inexpugnable.
España no encontró el toque coral; eso, en estas instancias de copa del mundo, parece más un capricho.
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