sábado, 12 de junio de 2010

Messi lo busca; Enyeama se lo niega


Catorce años después estaba otra vez Nigeria. Quizá no con la frescura e irreverencia de entonces; pero sí con los mismos muslos y las mismas ganas de derrotar a Maradona. La idea romántica de la vuelta a los inicios, esas casualidades que tiene la vida de volver comparables a dos hombres, de hacerlos casi calca a manera diacrónica, parece ya abandonada con la idea que manejaron los historiadores de la línea quebrada: la vida no es un círculo que va y regresa, sino una partida a ciegas, con alzas y bajas contradictorias. Pero al observar a Argentina y a su número diez, parece que las piernas de Maradona se rebobinan en las más veloces y quizá imparables de Messi. Argentina no se encuentra, como no lo hizo en la eliminatoria, como tampoco en aquella del 85, y estuvo a nada de quedar eliminada por la enjundia peruana, al igual que en el 85, pero parece que el chico tímido que busca siempre la manera de divertirse en la yerba, ha comprendido que sin él, lo mismo que hizo Maradona en el 85, el equipo argentino engrosa la fila de los equipos pretorianos.
Hoy Messi pidió la pelota, hartado de recibir la eterna crítica de no rendir en la albiceleste lo mismo que hace con la azulgrana y soltado por Maradona donde le plazca, e intentó el gol por todas formas, hasta en las que él nada más puede hacer; pero en todas apareció Enyeama. El meta nigeriano tapó todo, a contramano, en ras de suelo, en las horquillas, en las frontales, en duelos frente a la amargura de Huguaín, en los tiros sobrehumanos de Messi. Mantuvo en la pelea a una Nigeria que apostó todo a la velocidad de Obasi y Obinna, y a la zancada de Martins después, a pesar de que su defensa lo ponía constantemente en duelos definitorios.
Cuando Verón se cansó, dejó todo en las piernas de Mascherano. Maradona reaccionó tarde, le dio demasiadas oportunidades a una Nigeria irrespetuosa que si no logró el empate fue porque el bote del jabulami traicionó a Uche. El equipo africano siguió empujando, hasta que Argentina decidió enfriar el partido. Eso sí lo sabe hacer, arropa a Messi como la guardia pretoriana para que el chico tenga tiempo de inventar. Lo otro, lo que la ha llevado a los altares, está aún por verse. Hoy Messi lo intentó, pero no surgió el fútbol armónico. Lo tendrá que seguir intentando él solo, porque esta Argentina de pretorianos se preocupa más por ganar con empuje. Así lo resolvió hoy Heinze.

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