miércoles, 23 de junio de 2010

La infantería salva a la reina


Al parecer Rooney se quedó en Manchester, como Gerrard en Liverpool. Aturdidas las estrellas, incapaces hasta de mirarse de frente Lampard y Gerrard, tuvo que venir la obrería inglesa para levantar un partido ante la pujante Eslovenia, que llegaba con pocas cosas como líder de grupo y se tuvo que tragar la eliminación en el último minuto por un gol en Pretoria.
Fue el esforzado Milner, un chico que apareció de la nada en la alineación de Capello, quien corrió la banda derecha como caballo desbocado, cómodo en ese potrero de Port Elizabeth, y mandó un centro tendido a la aparición de Defoe, quizá el chico más insignificante de la delantera inglesa, para que éste acometiera la bola con la parte interna e hiciera inútil la reacción de Handanovic. Con la cosa resuelta, Inglaterra se comenzó a soltar. Pero su eterno juego aéreo lució tímido, inoperante ante la poca estatura de Defoe. Entonces Rooney y Gerrard decidieron intentar por el centro. En una disparó el del Liverpool, en otra el red devil, pero en ambas aparecieron los guantes oportunos del meta esloveno.
Atrás, Terry rechazaba todo con la cruz de San Jorge en el dorso. No permitió un disparo con peligro hacia James, no le importó lanzarse de cabeza cuando se quedó sin recursos ante un fino regate del ariete esloveno. En Pretoria, los estadounidenses eran incapaces de horadar la meta argelina. Conocedores de esto, eslovenos e ingleses se dieron al mano. El juego cayó en un asunto de amigos, Rooney abandonó la cancha y Eslovenia lució muy improductivo, por más que Birsa se empecinara en pedir la pelota. A empellones, como le gusta a Terry, los eslovenos no iban a pasarlo. El partido acabó con Inglaterra perdiendo el tiempo. Ambos conjuntos se felicitaron. En eso, desde Pretoria, llegaba la noticia nefasta: Donovan anotaba para los estadounidenses. Inglaterra quedaba segunda. Eslovenia eliminada.

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