
Uruguay puso lo que tiene; Aguirre se guardó. Uruguay es un equipo que respeta su fútbol, por más que no emocione; México es una hilera de contradicciones, desde su técnico mediático, vendedor de una idea de juego que no aplica, hasta sus jugadores impostados (e impuestos, pareciera ser). ¿Qué cosa obliga a Aguirre a mantener a Blanco sobre la yerba si el examericanista desde hace rato que es una pieza de museo? Es risible lo de Cuauhtémoc. Por más ganas que tenga de mostrar su alguna vez glorioso fútbol, o de hacerle ver a Lavolpe su equivocación pasada, a los 37 años sólo se aspira a evitar el ridículo. Uruguay dio hoy las gracias y aprovechó la cefálea mexicana para con un solitario gol de Suárez colocarse primero de grupo y evitar a la Argentina de Messi.
Aguirre pertenece a esa clase de técnicos que se empecinan por mostrar en sus equipos el fútbol que de jugadores intentaron lograr. La garra del Vasco, su predilección al juego de conjunto, al compañerismo, lo ha llevado a ser un técnico medianamente exitoso. Por otro lado, siempre ha tenido problemas con los jugadores fantasistas: Aguirre no sabe qué hacer cuando un jugador se le sale del renglón. Por eso se le escapó Agüero en el Atlético; por eso Sinha nunca tuvo cabida en esta selección.
El estilo de Aguirre es un retroceso, una búsqueda sin sentido de una identidad. La historia nos dice que México pare jugadores con técnica, jugadores que gustan del buen trato de balón y que generan jugadas por más que no las concreten en goles; así lo entendió Lapuente en el 98, así lo hizo también Lavolpe en 2005. Pero Aguirre no ve esas cualidades, monta su equipo desde el orden táctico, con esperanzas mínimas de desequilibrio, sentadas en las piernas de alguno que otro chico aventurero (si no es Giovani no es nadie). En la gira europea había funcionado la velocidad; hoy Aguirre se traicionó y puso de inicio a sus delanteros más torpes. Primera incongruencia: no respeta su forma de juego.
La terquedad de Aguirre por mantener a Franco en la alineación da atisbos para pensar cosas que deberían quedar ajenas en un partido de copa del mundo. Pero en México se puede todo. ¿El Guille Franco es uno de los jugadores impuestos? ¿Qué ha hecho Franco para merecer el 9 de la selección? Hernández se ha tenido que tragar la banca a pesar de que anda con un juego muy superior. Segunda incongruencia: la alineación de jugadores (Blanco, Franco, Torrado, un Márquez fuera de sitio, Osorio, Pérez) que no pasan por su mejor momento. Aguirre había avisado que jugarían los más aptos.
Con dos handicaps a favor, Uruguay saltó a morder a México, a presionarlo desde la salida, soltado de la rienda porque los delanteros mexicanos no tomaban siquiera la pelota. Suárez tuvo el primero aprovechando el desconcierto azteca, pero erró a poste contrario. Al final del primer tiempo, sin embargo, cuando México daba ligeras señales por intentar hacer partido, no iba a perdonar. Forlán tomó la bola y habilitó a Cavani por derecha, éste condujo lo más posible hasta mirar a Suárez en segundo poste y mandarle un centro preciso. Rodríguez se perdió ante la aceleración del delantero charrúa, Pérez no salió a cortar, Suárez recibía con toda calma.
Al inicio del segundo tiempo sorprendió la salida de Guardado. ¿Qué no le bastó a Aguirre con Ramoncito en el 2002? Con un Cuauhtémoc que aventaba el páncreas con sus carreras cansinas, prefirió retirar a Guardado, el único que se había atrevido a intentar algo distinto, un tiro lejano que tomó la comba deseada por los inventores del jabulani y se estrelló en el larguero para picar fuera. ¿Qué pasó en el vestidor entonces? ¿Aguirre no puede con Guardado?
Uruguay se acopló a la entrada de Barrera. Dominó el partido cuanto quiso, hasta que Aguirre se enteró que Francia del otro lado ponía la cosa fea. Entonces metió a Castro, otro disciplinado, y decidió que ya no iba a haber partido. Ni Hernández, que ya para entonces había ingresado por un Blanco deplorable, ni Barrera, aunque lo intentaron, pudieron inquietar a la sólida defensa charrúa. Los de Tabárez no han recibido gol, Lugano se pasea por el área con una autoridad de comandante.
Espera Argentina. Para aspirar al triunfo se debe recomponer todo. No se pide más que las cartas se pongan sobre la mesa. Aguirre le apostó a un estilo y debe respetarlo. La congruencia (una defensa ordenada, con Márquez como capitán, y la explosividad de los delanteros, Hernández, Gio, Vela, Barrera, Guardado desde un inicio) puede sacar a flote un barco que parece se hunde. Los fantasmas de Leipzig vuelven a rondar.
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